Entre ellas hay por lo menos una, de origen taíno, valorada en hasta un millón de euros, confiscada por los aduaneros galos de una consignación a una casa de antigüedades inexistente, dice en su edición de hoy el cotidiano Listín Diario que cita fuentes de la Cancillería.
Los bultos, que pesaron 50 kilos, contenían 200 piezas de objetos aborígenes, todos originales, los cuales rezaban como artesanía moderna y fueron retenidos a mediados del año pasado, añade.
En la relación están incluidos cuatro trigonolitos, espátulas, una cabeza macoríx, hachas petaloides y varios cemíes taínos.
Cemíes denominaban a sus dioses los nativos taínos.
La nota precisa que los objetos fueron vendidos por cuatro mil 480 dólares, aunque es probable que el monto real de la transacción se haya alterado para no levantar sospechas.
El robo de objetos del patrimonio nacional es común en los países subdesarrollados y fue iniciado por las potencias coloniales europeas que trasladaron a sus museos piezas de las culturas de los países que dominaban.
Uno de los ejemplos más tangibles es que la puerta original de la ciudad iraquí de Babilonia, donde estuvieron hace miles de años los jardines colgantes, está expuesta en un museo alemán y las gestiones para rescatarla han sido infructuosas.
Esto sin mencionar los miles de objetos ceremoniales, momias y joyas robados de las tumbas egipcias y que hoy están almacenadas o expuestas en museos británicos.
Durante la II Guerra Mundial las tropas alemanas que invadieron Francia saquearon el Museo del Louvre, pero las obras de arte fueron retornadas a su lugar de origen tras la derrota del nazismo en Europa.
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