El embarre de inmoralidad, en especial de estamentos que debieran ser ejemplos en la vigilancia ética del ciudadano, resulta ser un fatal peldaño final del 2009 y peor referente para comenzar el 2010.
Probamente se va a requerir que en el devenir inmediato ocurra una terapia colectiva que nos inspire a reencontrar el camino correcto que necesitamos como nación.
Los gobernantes deben reflexionar sobre si han estado cumpliendo con la responsabilidad asumida cuando el pueblo le delego la tarea de dirigir los destinos nacionales, cumpliendo y haciendo cumplir la Constitución de la Republica.
El pueblo, que ha elegido sus gobernantes, debe de igual forma meditar sobre si el fruto de su sufragio ha sido el más acertado, o si es ese mismo pueblo que ha enviado señales a los elegidos de que desea que lo gobiernen como ha venido sucediendo.
No es que hayamos concluido en que un escándalo como el que tiene de protagonista al señor José Figueroa Agosto sea el elemento único ocurrido en el año que acaba de terminar y por ello nos haya llevado a una conclusión catastrófica del futuro.
No se trata de eso. Este diario tiene fe en el futuro de República Dominicana y creemos que en el 2010 ocurrieron hechos que hablan de cuan podemos seguir adelante construyendo una patria de hombre y mujeres dignos.
Con lo que si no estamos conforme es con la actitud de quienes nos gobiernan cuando tratan asuntos tan serios como el narcotráfico, seguridad ciudadana y la corrupción, males que es obvio no se combaten con la eficacia que se requiere para lograr un adecuado control de los mismos.
Ojala que en el 2010 nos ilumine y encontremos un rumbo común para salir de estos y otros males que cuestionan nuestra ética y moral como nación.
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