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  Actualizado domingo 21 de marzo de 2010, 09:57:03 AM (EDT), Santo Domingo, República Dominicana

SIN MUCHA BULLA

Mis humildes deseos en Navidad y Año Nuevo


Por Mario Díaz
El autor es periodista



El año casi termina y se marchará definitivamente con 365 amaneceres y otros tantos anocheceres.
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A muchos de nosotros nos dio grandes satisfacciones y, a no pocos, muchas frustraciones.

Logramos algunas metas y perdimos ciertas batallas.

Nos llegaron momentos de alegría inmensa y también de tremenda tristeza.

Tuvimos instantes donde primaron sonrisas de felicidad y otros sellados por lágrimas de dolor.

Aunque algunos bailaron en abundancia, la mayoría lo hicimos entre lo prioritario y las precariedades.

Disfrutamos y sufrimos.

Pero, a pesar de las vicisitudes y contratiempos que nos colocan los muros de la cotidianidad, debemos seguir adelante, siempre izando la bandera de la esperanza y el entusiasmo por salir victoriosos, rogando al Todopoderoso que nos brinde las fuerzas necesarias para continuar luchando por ser mejores seres humanos.

Hay que seguir alimentando la solidaridad y servirle a los demás, en especial a los que así lo merezcan, pues no alentemos la hipocresía aupando a los que no encajan en este plan.

¡Arriba las ganas de vivir!

¡Arriba la motivación y el coraje de no dejarse joder por los políticos bandidos que se agencian la buena vida e intercambian antipatriotismo y corrupción al granel por atraso, miseria e inversión de valores, en sentido general!

Nada somos sin los demás, mas cuando tales no sirven, hay que alejarse de ellos sin pensarlo dos veces.

Acerquémonos a la luz y desechemos la obscuridad, porque donde hay claridad habitan la bondad y la confianza.

Hagamos de lo poco la cantidad mayor que se pueda obtener, siempre orgullosos de nuestra honradez.

Engrandecer la paz y la convivencia positiva con nuestros semejantes, abrazando como filosofía cotidiana sumar voluntades, sumar amigos, sumar buenos ejemplos, sumar consejos, sumar inquietudes, sumar calidad, sumar conocimientos, sumar energía, sumar entusiasmo, sumar esfuerzo, sumar capacidad, sumar siempre sumar y, si la vida nos lo permite, multiplicar todo eso.

Es preciso mantener alma de niño para que se mantenga cristalina como un salto de agua dulce y limpia como la lluvia y la mirada que plasmamos en el más hermoso paisaje de nuestros campos.

Saber que una golondrina puede no hacer verano, pero un grupo de ella sí puede hacer maravillas.

Caminemos conscientes de hacia dónde vamos, porque deambular por ahí, sin brújula, puede conducirnos al abismo, pero a puerto seguro nunca.

Empaquemos las inmundicias que pueden quedar como aserrín en el fondo del alma y lancémoslas al zafacón del olvido.

Salgamos de esas cosas que para nada sirven o que simplemente no pensamos usar.

Botemos unas cuantas yardas de maldad, envidia y mala fe.

Desprendámonos de unos kilos de dejadez, pereza e irresponsabilidad.

Tiremos al basurero un quintal de odio y rencor.

Echemos fuera de nuestras gavetas la inquina, la intriga y el chisme.

Superemos todas las barreras que nos impone la parte podrida y frustrada de la sociedad que nos rodea y seremos otro tipo de persona.

No importa que nos discriminen.

No importa que no nos comprendan.

No importa que nos humillen.

No importa esa gente, porque importamos a quienes debemos importar.

Si caemos en el intento, pongámonos de pies e intentemos una y otra vez, hasta que nuestra base sea tan sólida que nadie puede tumbarnos.

Reafirmemos los valores familiares y aferrémonos a ellos con pasión, porque podemos ir a cualquier lugar y escondernos donde nos plazca, pero de nuestra familia nunca nos iremos ni podremos ocultarnos.

Importanticemos la equidad, en el orden más abarcador del término.

Seamos todo lo justo que deseemos que la sociedad sea con nosotros.

Pero, ante todo, soñemos, porque dejar de soñar que todo puede ser posible afirma que gana la muerte.

Fabriquemos la utopía, aún cuando a ella misma la encadene el pesimismo.

Celebremos la utopía, porque la vida misma lo es, a pesar de lo inexorable del tiempo y las cosas que dejamos sin realizar y las que nos dejan a nosotros sin realizarnos.

Las consecuencia de vivir sin utopía es vivir sin haber vivido.

Coloquemos las insignias del deber y el honor por encima del interés particular y se multiplicarán bendiciones y el respeto de todos.

Comprendamos que ser honorable no es un tìtulo, sino un logro que se obtiene por mérito propio, renovado cada segundo de nuestras vidas.

Comprendamos que el prestigio no se compra.

Comprendamos que nuestra vida y la del vecino es un préstamo, que a diario pagamos intereses, blandos o fuertes, pero que no sabemos cuàndo debemos entregar todo el capital que tenemos a mano hasta quedarnos sin liquidez.

Comprendamos que hay que trabajar para vivir, pero no convertirnos en esclavos del trabajo, pues vivir es mucho más que eso.

Comprendamos que disfrutar no significa exclusivamente irnos de fiesta, pues disfrutar es mucho más que eso.

Comprendamos que amar va más allá de compartir la vida en pareja, pues el amor es mucho más que eso.

Miremos al horizonte, alcemos al vista al firmamento, y démonos cuenta de que la vida es compañera del tiempo y que el tiempo es un gobierno que se encarga de todo, con la paciencia de Job, despejando el camino hasta quitarnos la vida segundo a segundo.

Volvamos el rostro y miremos atrás, veamos quiénes fuimos y en quiénes nos hemos convertido.

Veamos de dónde vinimos y hoy dónde estamos.

Veamos todo cuanto nos faltó y lo que ahora tenemos.

Veamos en qué podemos ayudar.

Veamos en qué fallamos y qué hicimos bien.

Veamos en qué seguimos fallando y qué hacíamos bien y ahora no.

Recapacitemos y reforcemos los valores morales, para que no terminemos de rodillas ante nuestro propia conciencia.

Creamos profundamente en Dios y también en nosotros mismos, para poder revertir las calamidades.

Creamos en quienes crean en nosotros, aunque debamos aprender a "conceptualizar" para tener derecho a la dignidad y a ser felices.

Creemos las condiciones, aunque sean mínimas, para ser felices en esta Navidad y creémoslas también para que el año próximo sea de mucha prosperidad y alegría en los hogares de cada uno de nosotros.

Demos gracias a Jehová y seamos felices con lo que nos brinda la vida, porque nos da la gana y porque así lo determinamos.



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