No entiendo como un artista de la dimensión de Reyes esta de frente en una
polémica pública que deteriora su imagen y lo iguala a los protagonistas
de escándalos callejeros en los barrios del país. Y todo por un orgullo
estúpido que obnubila el raciocinio que nos diferencia de los animales
irracionales.
Frank debe entender que el artista es magia, que la gente se forma la idea
de inalcanzabilidad y que cuando este desciende de ese olimpo de dioses se
transforma en uno más del montón de mortales sin fama y sin fortuna.
Ahí esta el gran problema. Un artista sin manejador es como un carro sin
conductor. Pero la primera regla que debe darse entre ambos es que el
artista debe reconocer la capacidad del manejador para conducir su carrera
por los senderos correctos. El manejador es un soñador de imagen, un
visionario perspicaz de cómo guiar por los vericuetos insondables del
arte, eligiendo el camino mas corto, menos oneroso y mas seguro para el
artista.
En él esta la cúspide de la pirámide que conforma la estructura de un
proyecto. Su papel no es hacer relaciones públicas ni agenciarle trabajo
al artista. Para eso esta un personal que responde a sus directrices. De
vendedores, promotores, ¨mamagers, ¨hermanagers¨ y ¨muchachos de mandado¨
esta lleno el mundo artístico. Sin embargo todos forman parte de un
complejo global de negocios musicales que devengan un salario por lo que
realizan y no por como lo designan.
No soy experto en asuntos legales sobre trabajo pero la intuición me dice
que a todo el que hace una labor, al termino de ese compromiso hay que
pagarle sus prestaciones laborales. Y en el caso que nos ocupa más vale
un mal arreglo que un buen pleito.
Hace un tiempo, Anthony Ríos me comento su intención de escribir ¨Un
Manual de Comportamiento Artístico¨ y creo firmemente que es momento de que se ocupe de esa tarea, porque al paso que vamos dejaremos de tener artistas para producir ¨jornaleros del arte¨. Ríos me relato una conversación que tuvo
con el doctor Balaguer y en el epílogo de un diálogo franco éste le
señaló: ¨En la música lo más importante es la combinación de notas y
silencios y estos últimos son los que le dan sentido de belleza¨. Hay que
saber cuando hablar y cuando callarse.