El evento de este año terminó por todo lo alto, con una mejoría del nivel técnico y con un buen comportamiento del público que abarrotó el Travieso Soto en un partido de vida o muerte, cuando muchos presagiaban lo peor.
La justa tuvo poca calidad, pocos jugadores atractivos accionaron fruto de las precariedades económicas y hay que reconocer que las condiciones ambientales de El Palacio ya no son las mejores.
Las primeras páginas de los periódicos, los portales digitales y las reseñas en los programas de radio y televisión contribuyeron notablemente en el interés mostrado por la afición en las fases postemporada.
Y todo fue espontáneo, primero porque el basket capitalino es una tradición que abarca más de dos generaciones y también como un reconocimiento al esfuerzo realizado por el bonachón de Cholo Suero y su equipo.
Claro, la euforia del gran final debe ser momentánea, desde que Villacón termine de celebrar hay que sentarse a pensar en el próximo torneo y a corregir entuertos.