Los viticultores franceses, con apoyo absoluto del Gobierno, encabezan una cruzada internacional contra la posibilidad de que se permita en la Unión Europea (UE) la producción de vinos rosados a partir de la combinación de tintos y blancos.
Suráfrica y Australia ya emprenden las mezclas, un pecado según el punto de vista de los viticultores galos del "rosé", que llevan adelante el proceso con pulcritud y paciencia para lograr un tipo de bebida de muy agradable sabor.
El ministro de Agricultura de Francia, Michel Barnier, destacó la marcha atrás del brazo ejecutivo de la UE y consideró que se trata de un triunfo de los productores franceses y europeos en general del vino rosado.
En un comunicado, la Asociación General de la Producción Vitícola de Francia (AGPV) manifestó gran satisfacción tras la renuncia de la CE impulsar su iniciativa de autorizar la mezcla.
Hubiese decretado en anticipo la destrucción económica y social del sector consagrado a la elaboración de vino rosado, que tiene un alto prestigio internacional, además de que constituye entre 11 y 12 por ciento de la producción total francesa, anotó la AGPV.
De acuerdo con los enólogos, el vino rojo o rosado depende por completo de la forma en que se extrae las antocianinas de la piel de la uva durante el proceso de fermentación.
Las uvas tintas son introducidas en los depósitos, normalmente de acero inoxidable, y por su propio peso se irán aplastando unas con otras, provocando que la piel se raje desprendiendo antocianinas.
Estas moléculas entran en contacto con el mosto incoloro y harán que éste tome cierta tonalidad rosada.