Por espacio de 21 temporadas, Brett brilló con los Royals de Kansas City de la Liga Americana, sin encontrar un camino de rosas para abrazar el estrellato.
Una línea ética intachable y su férrea voluntad le permitieron destacar en su accionar hasta convertirse en un pilar tanto ofensivo como defensivo, pues su inicio en las Grandes Ligas, el 2 de agosto de 1973, no dejaba vislumbrar a una futura estrella de los diamantes.
En efecto, el debut del ulteriormente "Niño Mimado de Glen Dale", Virginia, donde nació el 15 de mayo de 1953, no resultó exitoso en lo absoluto, pues bateó solamente cinco hits en 40 oportunidades.
Brett, quien provenía de una familia beisbolera encabezada por su hermano Ken, lanzador en la Serie Mundial de 1967, comenzó como torpedero, pero problemas con su desplazamiento hacia la derecha hicieron que la dirección del conjunto lo colocara en la esquina caliente, posición que defendió regularmente hasta 1986.
En cuanto al bateo, la intuición del joven lo llevó a recabar ayuda del entrenador Charley Lau, quien, en 1974, le enseñó cómo proteger todo el plato amén de tapar algunos agujeros en su swing, del cual se aprovechaban los lanzadores más habilidosos para dominarlo.
Los consejos impartidos por el avezado instructor pronto rindieron sus frutos y el agradecido pupilo respondió con un alentador .282 en su segundo campeonato, después de participar en 133 encuentros.
El año 1975 fue testigo de un Brett desplegado a toda vela. Fue esa la primera de 11 ocasiones en su carrera que conectó por encima de los .300 (.308), pero, además lideró el casillero de los hits (195), veces al bate (634) y triples (13).
Desde el primer momento llamó poderosamente la atención la dedicación de Brett por el accionar de su escuadra así como su agresividad en el campo.
Sobre el tema expresó en una ocasión: "No creo que yo pueda jugar si no es haciendo mi máximo esfuerzo. Disfruto tanto el juego, porque le pongo todo lo que tengo."
Ese extra que él enseñaba en todo momento se vio bien recompensado en la lid de 1976, cuando el antesalista de los Royals se anexó el liderato de bateo con .333, tras ardua porfía con su compañero de equipo Hal McRae, y Rod Carew y Lyman Bostock, ambos de los Mellizos de Minnesota.
La pugna se extendió hasta el día final de la temporada, con los cuatro hombres presentes en el mismo choque.
Unos y otros se pisaban los talones mutuamente en cuanto al promedio, pero Brett conectó dos imparables en cuatro oportunidades, el último un cuadrangular dentro del terreno y relegó a McRae por menos de una milésima.
Esa oportunidad para chocar la pelota cuando más falta hacía era uno de los aspectos que caracterizaban al tercera base de los Reales.
En ese sentido, el beisbolista Frank White dijo: "...era el más grande bateador oportuno con el que jugué a favor o en contra. Se convirtió en un excelente toletero mediante el trabajo fuerte y jugaba con precisión en el momento justo contra grandes equipos como los Yanquis..."
Igualmente, al primer título de bateo de ese año se sumaron también los liderazgos en imparables (215), triples (14) y total de bases (298).
Por otra parte, la defensiva de Brett, si bien no era excelente hasta esos momentos, siempre marchó por cánones permisibles, más que todo por su poderoso brazo, capaz de sacar a los corredores por diferencia de tres o cuatro pasos en los tiros a primera.
El Madero de Mullet, como también le decían, bateó para .312 en 1977 y .294 al año siguiente, además de encabezar los tubeyes (45).
En 1979 volvió sobre los .300 (.329) y comandó los hits con 212 y los triples con 20, para demostrar que sabía correr muy bien las bases.
Esa oportunidad se convirtió en el sexto jugador de la Liga Americana en archivar, al menos, 20 de cada uno de los tipos de extrabases: biangulares (42), triples (20) y cuadrangulares (23).
Al año siguiente tuvo su mejor campaña, cuando su average final se elevó a .390- válido para su segundo pergamino de bateo- y frisó y sobrepasó los inaccesibles .400 de Ted Williams a lo largo de casi toda esa campaña.
Solo cuatro hits pegó en los últimos 27 turnos y los .400 se le escaparon, no obstante, el .664 de slugging fue el más alto de su carrera.
Los encargados de escoger al Jugador Más Valioso de la Liga Americana no dudaron al entregarle sus votos.
En las 10 temporadas siguientes, Brett superó los .300 en cinco oportunidades y en 1985 se llevó un Guante de Oro al concluir con promedio defensivo de .967 en 155 partidos.
Hasta su retiro estuvo en 13 Juegos de Estrellas y ganó Bates de Plata en 1980, 1985 y 1988 y el Premio Memorial Lou Gehrig en 1986.
El colofón llegó en 1985 cuando ganó la Serie Mundial con los Royals, dos años después de pegarle un jonrón al Goose Gossage, de los Yanquis, con un bate ilegal, lo cual generó una polémica solo superada en el futuro por un hecho similar protagonizado por el dominicano Sammy Sosa.
Pero la historia de Brett no concluiría sin que se hiciera campeón de bateo a los 37 años edad, por tercera vez, en 1990, con rutilante .329.
Pasarían otros tres años antes del retiro, el 3 de octubre de 1993, pero quedó para la historia el derrotero de un hombre voluntarioso que a lo largo de su vida deportiva bateó casi cuanto quiso.
Cuando se fue, dejó un .305 de promedio general, compiló tres mil 154 indiscutibles -de los cuales mil 119 fueron extrabases-, 665 dobles, 137 triples y 317 jonrones- además de empujar mil 595 corredores para el plato.
Su entrada al Salón de la Fama de Cooperstown, con una de las votaciones más altas de todos los tiempos- 98.2 por ciento- tuvo lugar en 1999.
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