Al bullicio del reguetón, los mamberos respondieron con un merengue menos o nada melódico, más rítmico y con una lírica rasante. En poco tiempo tocaron el sentimiento del barrio, callejón y fiestas callejeras.
Fue así, a puro mambo, con letras poco curtidas, que sacaron del populacho dominicano a los reguetoneros y se convirtieron en los nuevos ídolos. Los mamberos hicieron lo que no les fue posible a los merengueros clásicos.
Echaron el pleito por el merengue en la calle. Particularmente, ese merengue no lo escucho por el gusto, sino por el oficio, pero reconozco su aporte en esa guerra de ritmo.
No era posible atacar el reguetón en el mercado dominicano con el estilo tradicional de Sergio Vargas y Eddy Herrera, para citar dos casos. Ambos, como otros, estaban muy elevados atendiendo el gusto de la élite, mientras abajo, en los suburbios sólo se escuchaba Tego Calderón, Daddy Yankee, Don Omar y otras fieras. En ese escenario la pelea era otra y hay que suponer que otros tenían que ser los protagonistas, y esos son los mamberos. No creo que los mamberos presuman de algo más allá de lo que son, pero son una expresión del pueblo, por lo tanto, como expresión musical, son parte de esa manifestación cultural de la época, la que se habrá de pulir y mejorar.