Con su elocuencia sencilla Yaqui lograba presentar un artista o un proceso sin caer en hipérboles que desfiguraran el objeto mismo presentado. Él mismo se encargó de decir que improvisaba las palabras, no así las ideas. Su estilo creó escuela y afición hacia el arte del buen hablar.
Cuando un personaje, artista o no, acudía al Show del Mediodía u otro de los programas en que participaba, el deseo era que fuera Yaqui quien lo presen- tara o entrevistara. Pocas personas que haya conocido, sin ser poeta de oficio, ha dado tanto valor a la palabra como Yaqui Núñez.
En estos momentos Yaqui lucha por recobrar esa arma momentáneamente perdida que es su palabra. Debemos hacer cadenas de oración para pedirle a Dios que le regrese su voz, de tanta utilidad para la sociedad dominicana. De todos modos, si eso no ocurriera, el maestro Yaqui nos dejará su legado, su ejemplo y abnegación como comunicador apasionado que siempre ha sido.