La era mediática ha amplificado el alcance del premio y ha metido a otros agentes que tratan de influir en el curso que siga el mismo y ya no sólo los tradicionales cronistas de arte. Comunicadores dedicados a analizar otros asuntos de la vida nacional, no se pueden sustraer al curso del Casandra, agregando a ese gran espectáculo la imaginación que el cronista involucrado en su organización probablemente no logra.
Los premios Casandra son hoy un acontecimiento de masa, esperados ansiosamente por el pueblo dominicano. En 25 años se le ha construido una percepción de lo que debe ser el premio gracia al soporte decidido de la Cervecería Nacional Dominicana, y cada año sus expectativas deben ser llenadas por quienes se involucran en su organización.
Acroarte debe entender que está desafiada a producir una auto revisión que le permita ajustar su vida institucional para que integre más a sus miembros, para que participen más en las decisiones y trabajar a la vez para evitar su aislamiento como ente motorizador del galardón.
Acroarte debe abrirse más, escuchar voces externas, debe innovar y perfeccionar los métodos de evaluar a los artistas. No basta estar convencidos de que en 25 años lo hemos hecho bien, sino de que se puede hacer mejor. Igual es la responsabilidad del equipo artístico que se le asigne la producción del ceremonial.
Con todo lo anterior no aspiro a que se elimine la controversia de los premios Casandra, cuando en realidad es ella la que le ha dado vida y larga existencia.