El que uno se adapte a los tiempos postmodernos no significa que reniegue de la costumbre. Pocos abandonaremos de golpe leer en papel. Lo admito por la experiencia ya vivida. Llevo cinco años inmersos en el periodismo digital, pero cuando cae en mis manos un diario impreso es como cuando me encuentro con un buen amigo de infancia, lo observo más viejo, como él me ve a mí, trato de saber de su vida y de repasar con él todo el pasado de ambos. Cuando me cae un diario impreso lo menos que hago es ver qué me trae en el papel que no me ofreció en Internet, o de releer algún escrito ya leído para reflexionarlo de manera más pausada. Porque no sé si le pasa todos los cibernautas, pero en Internet uno siempre lee a prisa, dura horas frente al monitor pero siempre anda a la carrera, lo que no ocurre con el periódico impreso que usted lo toma en sus manos y tiende a serenarse, leer párrafo tras párrafo y meditarlo. Probablemente esto sea un hábito en mí, y por eso cuando una información o artículo de opinión publicado en la Web me convida a una lectura más rigurosa y tranquila acudo al printer y ya en el papel, me estribo en una silla, pido un cafecito y me adentro en la lectura detenida, con subrayado y todo, y probablemente la deposito en algún archivo para por si acaso lo necesito mas adelante.
Tengo además la percepción que un gran número de gente que me leía a mis pasos por los diarios La Noticia y El Siglo, ambos desaparecidos a destiempo, no han llegado a ser cibernautas, probablemente porque siguen fieles a la información que le llega en el papel. Y cuan agradable seria uno reencontrarse con esos amigos perdidos, porque así como el artista dice que vive del aplauso, el periodista vive de quienes lo lee o escuchan.
Se imaginaran ustedes entonces si tengo razones para agradecer a los ejecutivos de El Día, en especial a mi hermano Fausto Polanco, al director ejecutivo José A. Monegro y al director general, doctor Rafael Molina Morillo, la oportunidad que me ofrecen de poder expresarme de nuevo a través de este dinámico periódico impreso, concebido y logrado con un alto nivel de profesionalidad.
Gracias a ellos y a los lectores que hagan suya mi regreso al periodismo impreso.
Esta columna fue publicada en el diario gratuito El Dia, el lunes 17 de enero del 2009.