Hay una práctica delictiva espantosa en la sociedad dominicana, existe una cultura del delito que convierte en señores prestantes a sujetos que se han dedicado a la delincuencia.
Existe una retórica que abona esos actos, que los justifica y dan viso de hasta necesidad en el contexto social en el que nos desenvolvemos.
La impunidad reinante no es casual, es parte de esa trama contra la nación y que da preferencia al delincuente en sus más variados estamentos sociales.
Las iniciativas para sanear la sociedad, para adecentarla, encuentran más resistencia que el delito y los malhechores que lo protagonizan.
Al menos, es el panorama que avizoran cientos de ciudadanos, arrinconados en sus hogares y lugares trabajo, en iglesias y clubes, comentando sobre los nuevos señores del delito que lo rodean sin que nadie los detenga.
No hay razones para el silencio ni para dejar que la delincuencia decida el destino de la nación dominicana. Es necesario una reacción que haga entender a la delincuencia que ya está bueno.
La gente seria en el Gobierno y en la oposición, los empresarios comprometidos con el futuro del país, los grupos sociales, los estudiantes, todos deben de unirse para luchar contra el descalabro moral de nuestra Republica Dominicana.
Los medios de comunicación y los periodistas también deben jugar su papel. La delincuencia nos abruma, y está en todos los lugares, trabaja día y noche para sus fines. Hay que luchar contra ella día y noche, esa debe ser parte de la misión patriótica de un buen dominicano.
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