A otros 150, que poseían permisos de trabajo como jornaleros, se les permitió quedarse de manera temporal, añaden los reportes sobre el incidente, que amenazaba convertirse en crisis.
Los ilegales ocuparon desde el lunes por la tarde, hora local, una parroquia en la ciudad noroccidental de Dajabón, donde fueron acogidos por el cura jesuita Regino Martínez, defensor de los indocumentados, quien ofició una misa esa noche.
Sin embargo, la Dirección de Migración (DI) dijo que esas personas ingresaron al país aprovechando las actividades del mercado binacional y que serían devueltos por carecer de documentos.
La víspera, el Cuerpo Especializado fronterizo devolvió nueve buses llenos de indocumentados, interceptados cuando se proponían asentarse en diversas ciudades dominicanas, se recordó.
Un portavoz de la DI reveló que el sacerdote Martínez podría ser juzgado por tráfico de inmigrantes ilegales.
El religioso admitió que su conducta es irregular, pero subrayó que tomó partido por los indocumentados en protesta por los abusos a que son sometidos en la frontera.
El forcejeo continuó hasta este miércoles, cuando se concluyó un acuerdo entre los líderes de los ilegales, con la mediación de Martínez y otros sacerdotes.
La notoriedad del caso radica en que las autoridades dominicanas temen un éxodo incontrolado de haitianos debido a la crítica situación en su país, el más pobre del continente, devastado por los efectos de cuatro huracanes entre septiembre y octubre pasados.
El tema de la presencia haitiana en este país, estimada en más de un millón de personas, es espinoso, debido a los encontrados criterios de defensores y detractores.
Los naturales de Haití, que comparte la isla Española con Dominicana, sirven como mano de obra no calificada en labores que los nacionales descartan tales como la construcción y el corte manual de caña de azúcar.
Razones históricas, entre ellas la ocupación militar haitiana en el siglo XIX, añaden un componente acre a las relaciones entre los nacionales de ambos estados.
Desde el año pasado el gobierno haitiano decretó una veda a los productos avícolas dominicanos, observada de forma aleatoria, tras un brote de gripe aviar que introdujo otro factor combustible en el asunto.
Una de las quejas dominicanas es que muchas de esas personas, en especial las mujeres y los menores, se dedican a la mendicidad profesional.
A fines de la semana pasada, cerca de un centenar de ilegales fueron arrestados en la ciudad septentrional de Santiago y repatriados.
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