Cabe destacar entre los rectores con quienes trabaje muy directamente, a los doctores Antonio Rosario, a quien aprecie profundamente por su sencillez y gran calidad humana; Hugo Tolentino Dipp; Rafael Kasse Acta,+ al que he dedicado algunos artículos, Joaquín Bidó Medina y Guarocuya Batista del Villar; todos ellos excelentes profesionales, dedicados a tiempo completo a la Universidad, en detrimento de su ejercicio profesional, y consecuentemente, de sus finanzas personales.
El doctor Máximo Avilés Blonda+, un laureado escritor y ser humano “de otra galaxia”; el inefable Eliseo de Peña Durán+ y la talentosa y gentil periodista Angelita de León, fueron mis superiores inmediatos. Los compañeros de trabajo fueron varios e iban y venían, siendo los que más recuerdo a Carmen Mazara Vda. Gómez; Rafael Peralta Romero, periodista, escritor y poeta; Francisco –Frank- Guerrero; Juan Salazar Díaz, José Alvarado, y uno de los dos jóvenes fotógrafos del departamento, cuyo nombre omitiré por razones obvias.
Laboré como periodista; locutora de los programas de radio y televisión de la institución docente, junto a Mario Almánzar y Frank Guerrero; y me tocó, entre otras atribuciones, la de Encargada del Protocolo y Maestra de Ceremonias, en sustitución del doctor César Dargán, con quien trabaje un algunos meses hasta su jubilación. Y como no había ningún reglamento escrito para estas últimas funciones, fui anotando mis observaciones y creando nuevas reglas.
El doctor Antonio Rosario hizo el mejor de los aportes a mi trabajo: me mando en dos oportunidades a estudiar y a observar el protocolo institucional que operaba en la Universidad de Puerto Rico; y me facilitó tomar varios de los cursos que se impartían en el país.
En la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez, me llamó la atención el hermoso desfile que por el Campus universitario, realizan los graduandos hasta llegar al amplísimo lugar donde se lleva a cabo la investidura, con gran afluencia de familiares y personal docente.
Nuestra Aula Magna, inaugurada el 24 de Octubre de 1956 tiene capacidad para 1,278 personas sentadas, ya que fue construida cuando la población estudiantil era de unas 2,000 personas, por lo que resultaba mas que inadecuada para realizar los actos de investidura, dado el alto índice de crecimiento que cada semestre reporta la matricula de la Universidad estatal.
Así que sometí por escrito al rector, la idea de la construcción de un lugar mas adecuado para realizar las graduaciones, toda vez que el auditórium o Aula Magna, se convertía en un caos total cuando durante el acto de graduación, se limitaba la entrada de los familiares de los graduandos quienes por razones de espacio, solo podían estar acompañados del padrino o la madrina.
El doctor Antonio Rosario acogió y mejoró mi idea y la sometió al Consejo Universitario, dando como resultado la construcción, algunos meses después, del Anfiteatro Francisco Alberto Caamaño, frente a la rectoría; concebido también como área de parqueo.
En el desempeño de mis labores protocolares, conseguí con mucha cuña y cartas de ambas universidades, la de Puerto Rico y la de aquí, una visa americana por quince días con una sola entrada a EUA; ya que no hay que olvidar que yo estaba recién llegada del exilio y tenía mis respectivos expedientes, tanto en la Policía como en la Embajada Norteamericana
Luego se me otorgó una segunda visa en iguales condiciones y para los mismos fines. Así fue como poco a poco, a lo largo de varios años, fui obteniendo tímidos visados, hasta llegar al de los ansiados cinco y luego, diez años, que otorgan los norteamericanos a las personas “casi libres de toda sospecha”.
De esos años en la UASD, recuerdo con gran simpatía a un joven compañero de trabajo, fotógrafo y estudiante de derecho, el cual tenía un drama personal con el que me tocó lidiar dada la confianza que depositó en mí. Adoraba a su esposa y tenía con ella dos hermosas hijas. Pero sus cuñados, radicados en New York, y dedicados a un oficio tan rentable como peligroso, querían llevarse a su familia completa, con excepción de él, que se negaba a viajar pues no comulgaba con ese estilo de vida.
Era para su esposa muy cuesta arriba poner fe en su humilde marido y en sus deseos de ofrecerle una vida mejor desde el punto de vista económico, algo que ella visualizaba muy a largo plazo, sobre todo con la presión venida desde el Norte, por lo que los preparativos del viaje, iban viento en popa, sin el consentimiento del cabeza de familia.
Así que, puestos de común acuerdo, primero nos inventamos un robo en su casa, donde los cacos cargaron con los pasaportes visados. Mas adelante, superado este inconveniente por la tenaz mujer, implementamos el Plan B. Unas apasionantes y perfumadas cartitas dejadas “al azar” en la casa, donde una supuesta enamorada le suplicaba al apuesto fotógrafo que dejara ir a su mujer y accediera, por fin, a sus demandas amorosas, despertaron unos celos furiosos en la joven esposa.
Obviamente, la chica estaba enamorada de su marido y no se lo iba a dejar a esa otra; aunque también pudo haber influido en el abandono de sus planes, el hecho de que uno de sus prósperos hermanos, regresara al país acomodado horizontalmente, en el compartimiento que en el avión, esta destinado al equipaje.
Buen recuerdo atesoro de la investidura del 28 de Octubre de 1978, cuando siendo Maestra de Ceremonias, me tocó estar muy de cerca con el extinto Presidente, don Antonio Guzmán Fernández, su esposa doña René Klang de Guzmán y el Vicepresidente, Lic, Jacobo Majluta, en su histórica visita a la UASD, la primera de un presidente electo democráticamente en más de cuarenta años.
Junto al rector doctor Antonio Rosario y otras autoridades, les esperamos al pie de la entrada al Alma Mater y les acompañamos a los salones de la Rectoría. Al parecer, por razones de seguridad, subimos por las escaleras y no por el ascensor. Una vez allí, fueron saludados por académicos y algunos empleados y procedieron a firmar el libro de Visitantes Distinguidos y a compartir con la prensa.
Gran tensión había en la familia universitaria con esa visita, pues se temía que estudiantes pertenecientes a un partido pro-chino, pequeño pero carpetoso, propiciaran algún desorden o desplante en contra de tan dignos visitantes. Fresca estaba la experiencia en contra de la visita de Pablo Neruda.
Esa tensión la experimento también el fenecido Presidente, y la sentí yo en mi brazo izquierdo, pues don Antonio Guzmán, como todo un caballero, asido a mi, realizó todo el trayecto desde el Alma Mater hasta el Anfiteatro Francisco Alberto Caamaño. El doctor Rosario, acompañaba a doña René.
Fue una hermosa e histórica tarde, aquella de la visita de don Antonio Guzmán a la Primada Universidad de América, cuando, acompañado de la Primera Dama y del Vicepresidente Jacobo Majluta, ocupó la mesa de honor junto a las máximas autoridades de la institución, así como de los rectores de todas las universidades del país, y teniendo de pie, a sus espaldas, a su escolta militar.
Mis recuerdos de todos esos años en la UASD, mezclados con la bruma de los gases lacrimógenos, me remontan a uno de mis viajes a la Habana, Cuba, donde observé con gran sorpresa que allí el protocolo le daba al Rector el tratamiento de “Magnífico”, algo insólito para la UASD de aquellos tiempos pero que era muy común en toda Latinoamérica, al referirse a la mas alta figura académica.
Pues bien, en cuanto me toco presentar al Señor Rector, hice uso de mis recién adquiridos conocimientos, expresando con total determinación: “Con ustedes, el Rector Magnífico de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Primada de América”.
A seguidas se escuchó un fuerte abucheo de una parte del estudiantado; no supe si dirigido a mi persona, al rector o a ambos a la vez. Eran los mismos estudiantes que instigados por el radicalismo, impidieron que una gloria de la literatura latinoamericana, el gran poeta chileno Pablo Neruda, viniera a nuestro país invitado por la Universidad.
Así que, ante tal irrespeto, les increpé enérgicamente diciéndoles:-- “Por qué ustedes no pueden aceptar un tratamiento protocolar que nos iguala con las demás universidades del continente, incluidas las cubanas bajo un régimen comunista?. Por qué, siendo como es nuestra academia, la Primada de América, y nuestros rectores, electos democráticamente por todos los sectores representativos de nuestra familia universitaria y tan dignos y capaces como los que más, no merecen, a juicio vuestro, ser llamados como indica el protocolo universitario?”--
Hubo absoluto silencio en el Aula Magna, y a seguidas anuncie, muy pausadamente, que haría de nuevo la presentación del “Rector Magnífico”. Esta vez, solo se escucharon los aplausos y el doctor Antonio Rosario, con la calma y la dignidad que le caracterizaban, se levantó de su asiento y se dirigió al micrófono.
A partir de ahí, todos los rectores de nuestra Alta Casa de Estudios, reciben el tratamiento protocolar de “Rector Magnífico”.
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