En la Cumbre Extraordinaria del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), celebrada el 5 de octubre de 2008 en Honduras, los representantes de los países partes acordaron fortalecer los vínculos con iniciativas integracionistas como el Mercado Común del Sur, Petrocaribe, Alternativa Bolivariana para las Américas y otras.
La declaración, La unión de Centroamérica: El camino de la integración, instó a profundizar la unidad regional e implementar políticas y planes de acción que propicien el incremento del empleo, producción agrícola y la inversión en infraestructura, ante el impacto de la crisis económica mundial, sobre todo, de la de Estados Unidos.
Con tales propósitos, los mandatarios del área determinaron impulsar el Programa de Fortalecimiento de la Seguridad Alimentaria, en virtud del cual serán asignados fondos para prevenir una emergencia de granos básicos y otros productos agrícolas, con el apoyo del Banco Centroamericano de Integración Económica.
Este plan, según lo pactado, deberá propiciar la explotación de las condiciones favorables de la zona para contrarrestar la escasez y encarecimiento de los alimentos y la creación de un excedente con fines comerciales.
La declaración de Tegucigalpa abogó, además, por concluir los procedimientos jurídicos para la aprobación y entrada en vigencia del Convenio Marco para el Establecimiento de la Unión Aduanera Centroamericana, suscrito el 12 de diciembre de 2007, y exigido por la Unión Europea (UE) para llegar a un Acuerdo de Asociación.
El documento reconoció los avances del bloque zonal y expresó el interés común de que las negociaciones del tratado bilateral con su homólogo europeo concluyan en el primer semestre de 2009, para que su firma se concrete en 2010.
Todo ello, sin sacrificar los esfuerzos de los negociadores centroamericanos por impulsar el seguimiento al tema migratorio, cohesión social, financiamiento para el desarrollo y otros aspectos beneficiosos para ambas parte, en correspondencia con el texto.
Los máximos representantes del SICA ratificaron la aspiración de que en el proceso se garantice el respeto a la soberanía de los países y órdenes jurídicos nacionales, el marco jurídico de la integración centroamericana, y los principios fundamentales de cualquier negociación de tratados o convenios internacionales.
La intención de promover la libre circulación de bienes y facilitar el comercio en el área, igual quedó reflejada en el texto, rubricado por los presidentes del país anfitrión, Manuel Zelaya; Oscar Arias (Costa Rica), Antonio Saca (El Salvador); Daniel Ortega (Nicaragua); Álvaro Colom (Guatemala) y Leonel Fernández (República Dominicana).
Estos reiteraron la invitación a Panamá, representando por el vicepresidente segundo, Rubén Arosemena, a concluir la definición de los términos, plazos y condiciones requeridas para su incorporación al Sistema de Integración Económica Centroamericana.
Los acuerdos a los que llegaron en esta ocasión los integrantes del SICA ponen de manifiesto la preocupación por la incidencia de la debacle económica en Estados Unidos, país al que estuvieron sujetos tradicionalmente y, más aún, luego de la firma de un Tratado de Libre Comercio.
A pesar de la existencia de ese acuerdo, considerado por algunos garante de mejores condiciones para el intercambio entre ambas partes, la caída de valores en los bancos estadounidenses y otros desajustes asociados a ello, acrecienta el desempleo, reduce las remesas y golpea las exportaciones centroamericanas hacia el Norte.
Un estudio -elaborado por especialistas del ente y presentado a los presidentes de la región durante la cumbre, en la capital hondureña- aseguró que la desaceleración económica en Estados Unidos causó además la caída de la inversión extranjera directa en la zona.
Otro problema que enfrenta este año Centroamérica es la inflación, cuya tasa interanual se ubicó hasta mayo pasado en 11,6 por ciento, por factores externos como los precios del petróleo y el alza en los de los alimentos, debido al incremento de los insumos en la agricultura y la especulación en la compra de granos a futuro.
Los especialistas resaltaron en el informe el descenso de los envíos familiares de dinero en este año, contrario a lo acontecido en 2007, y recomendaron trazar estrategias encaminadas a generar empleos, fomentar la producción agrícola, principalmente de granos básicos y de productos de exportación, e invertir en obras de infraestructura.
En El Salvador, por primera vez en seis años, decrecieron las transferencias de dinero de los residentes en suelo estadounidense a sus familiares en agosto, en 6,5 millones de dólares. La cifra estuvo por debajo de la registrada en este mes, en 2007, lo cual quebró la tendencia al alza continuada desde similar situación reportada hace más de un lustro.
Para el presidente salvadoreño, Elías Antonio Saca, la baja en el flujo de las remesas desde Estados Unidos es una señal del desempleo registrado en ese país y pone de relieve la existencia de una economía global, en la que todas las naciones están interconectadas.
Los latinoamericanos residentes en el norte sufren la depreciación del dólar frente a las monedas locales y a la elevada inflación y ello es la principal causa de que los envíos de dinero a sus familiares puedan descender 1, 7 por ciento en América Latina, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Aunque la entidad pronosticó que las remesas alcanzarán 67 mil 500 millones de dólares en 2008, un aumento de 1,5 por ciento con respecto al año anterior, el ascenso será negativo una vez ajustado por la inflación, que creció al calor de la crisis, explicó en un informe la directiva del BID.
Desde inicios de año, es evidentemente cierta la desaceleración en México y Brasil, pero en los últimos meses este proceso cobró fuerza en Guatemala y el Salvador, el cual recibe por concepto de remesas aproximadamente 18 por ciento de su Producto Interno Bruto.
El endurecimiento de las líneas de crédito, como paliativo a la crisis, será replicado a su vez por los bancos locales, en particular, por los que son sucursales de instituciones internacionales y ello recaerá de manera directa en los consumidores de esos servicios.
Las exportaciones también experimentan un descenso por la recesión y miembros de la Corporación de Exportadores de El Salvador, por ejemplo, prevén que en los próximos tres meses sus ventas caerán hasta en 15 por ciento.
Convertir la crisis económica en un incentivo para el desarrollo regional es la intención de los centroamericanos ante tales evidencias y, por ello, optaron por dejar en segundo plano las ataduras que ligan a la región a sus vecinos del Norte y ampliar los vínculos con el Sur -no sólo del continente- y potencias emergentes.
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