Desde la fundación de la República, probablemente ningún político dominicano, con excepción del patricio Juan Pablo Duarte, puede exhibir el nivel de coherencia entre discurso y práctica que mostró durante toda su vida el fallecido líder del Partido Revolucionario Dominicano.
El compromiso social del doctor Peña Gómez está definido no solo en su discurso teórico, sino también en su obra política y en su legado institucional.
Mucho antes de enarbolar la consigna “primero la gente”, en la campaña presidencial de 1994, el doctor Peña Gómez había revelado en palabras y hechos su profundo sentido de compromiso con la sociedad y con los pobres.
Algunos podrían decir, sin embargo, que el doctor Peña Gómez no era portador de un discurso original, porque todos los políticos ofrecen más o menos lo mismo, ya sea en sus propuestas de campaña o en sus programas de gobierno. Y es cierto, todos ofrecen reducir la pobreza y convertir la democracia política en democracia social.
Pero en el caso del doctor Peña Gómez, a pesar de no haber ejercido la presidencia de la República, ha sido, entre los grandes líderes dominicanos desde la caída de Trujillo, el que más aportes ha producido en beneficio del desarrollo democrático del país. Y lo hizo desde el gobierno y desde la oposición.
El doctor Peña Gómez fue el primer dirigente político nacional que planteó de manera consistente la necesidad de reformar el Estado y sus instituciones políticas, y lo hizo desde antes de la Perestroika y de la caida del Muro de Berlín.
Fue también el primer líder político dominicano, sino el único, que promovió reformas en el seno de su partido para democratizar el debate interno y crear posibilidades para el surgimiento de nuevos lideres en el Partido Revolucionario Dominicano. El promovió el traspaso del poder partidario a las mayorías del PRD mediante la creación de las Primarias para elegir las principales candidaturas del Partido.
Contrario a otros líderes dominicanos que bloqueaban herméticamente las posibilidades de desarrollo de otros liderazgos alternativos, el doctor Peña Gómez no solo creó las condiciones formales, sino que también impulsó la proyección de sus compañeros y abrió las puertas del Partido a destacadas figuras vinculadas a otras fuerzas políticas, a la vida intelectual, al sector empresarial y al movimiento social y sindical.
Con el apoyo del doctor Peña Gómez crecieron los perredeístas de abajo, del medio y de arriba, gozando de la oportunidad de competir en condiciones más o menos equitativas por un espacio en el liderazgo colegiado del PRD o alcanzar posiciones de poder en el Estado Dominicano.
Tenemos los ejemplos de Antonio Guzmán, de Salvador Jorge Blanco, de Jacobo Majluta y de Hipólito Mejía, quienes independientemente de sus meritos particulares, contaron en su momento con el generoso patrocinio del doctor Peña Gómez para alcanzar la presidencia de la República primero que él. Ningún otro político dominicano ha ofrecido esa muestra de desprendimiento.
Otros ejemplos lo constituyen Hatuey De Camps, Hugo Tolentino Dipp, Milagros Ortiz Bosch, Rafael Subervi Bonilla, Tirso Mejía Ricart, José Antonio Najri, Rafael –Fafa-Taveras, Fernando Alvarez Bogaert, y Enmanuel Esquea Guerrero, para citar unos ejemplos, todos con cualidades propias para sobresalir políticamente pero que en algún momento contaron con la mano amiga del doctor Peña Gómez para alcanzar metas y posiciones importantes.
Si se examina la historia de otras fuerzas políticas y otros liderazgos tradicionales, se podrá advertir con facilidad que todas las figuras emergentes se encontraron con una fuerte corriente de resistencia cuando más cerca estuvieron de alcanzar el rango político de los viejos y nuevos caudillos. Les dejo la tarea de identificar a esas figuras que fueron emergentes en algún momento.
La diferencia entre el doctor Peña Gómez y otros líderes dominicanos es que él era demócrata y lo practicaba, contrario a otros que solo lo pregonaban o lo aplicaban a su mejor conveniencia.
Pero el doctor Peña Gómez fue auténtico en todos los rasgos importantes de su ejercicio político.
El creyó en la necesidad de democratizar la sociedad dominicana y lo aplicó en todos los actos de su vida política. Lo hizo como dirigente político y como funcionario público.
En el ámbito de las reformas políticas y sociales, el doctor Peña fue responsable desde su rol de opositor de proponer, promover o concertar las más importantes iniciativas posteriormente consagradas por el Congreso.
Para tener una idea de la influencia de Peña Gómez en la articulación de las principales reformas institucionales del país es bueno sacar a relucir unos párrafos de un discurso pronunciado el 14 de agosto del año 1997 durante una reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PRD. A continuación sus palabras:
“La concertación no significa la usurpación por parte de la oposición de facultades que solo competen al poder ejecutivo, sino la coparticipación en la toma de decisiones de medidas que el ejecutivo ni la oposición pueden ejecutar unilateralmente y que son indispensables para modernizar la economía y el sistema político dominicano.
Entre esas medidas proponemos la Reforma arancelaria, la ley general de Salud, el Código Monetario y financiero, la reforma municipal para dar acceso a las organizaciones populares y de la sociedad civil a los ayuntamientos y propiciar una concertación local, la adopción de un nuevo sistema provisional con la aprobación de una moderna ley de seguridad social, la división del Distrito Nacional y de las grandes cabeceras de provincias en distritos electorales y la aprobación definitiva de la Ley General de Electricidad.
Particular importancia reviste la Ley Electoral, entre cuyas previsiones se encuentra el voto de los dominicanos en el exterior, reivindicación que debe aprobarse de inmediato, concediéndole a la Junta Central Electoral los plazos necesarios para llevarla a la práctica”, termina la cita del doctor Peña Gómez.
Todas y cada una de esas propuestas fueron convertidas más adelante en leyes por el Congreso Nacional.
Esos hechos muestran que el doctor Peña Gómez ejercicio la política con un alto sentido de responsabilidad cívica y patriótica y por eso no escatimó ningún esfuerzo para promover reformas destinadas a mejorar el sistema democrático y la calidad de vida de la población dominicana, sin importar que los beneficios inmediatos pudieran favorecer a sus adversarios políticos.
El doctor Peña Gómez definió esa actitud como un ejercicio de oposición responsable. Algunos años después el candidato del Partido Socialista Obrero Español, José Luis Rodríguez Zapatero, asumió una línea muy parecida frente al gobierno de Aznar y la llamó “oposición útil”. En ambos casos las elecciones siguientes fueron ganadas por el PRD y por el PSOE.
Un modelo de administración honesta y eficiente
Pero si el doctor Peña Gómez actuó con responsabilidad desde la oposición, también lo hizo desde el poder, especialmente cuando tuvo la oportunidad de ejercer una función pública, tras ser electo sindico del Distrito Nacional en el año 1982.
Y en esta parte quiero enfocar primero los aspectos institucionales, resaltando la coherencia entre el discurso del político y la práctica del funcionario público.
El síndico y líder del PRD respetó rigurosamente la institucionalidad municipal. Siempre pidió los permisos que le imponía la ley, como la autorización del Consejo de Regidores para salir del territorio Nacional. Rindió cuentas permanentemente sobre cada peso recibido y cada peso gastado.
No permitió que ninguno de sus familiares creara negocios y empresas para aprovechar las ventajas del poder. Transparentó todas las operaciones financieras de la administración, incluyendo hasta la comisión de compra, un pequeño porcentaje, específicamente un 6%, cobrado a los suplidores para destinarlo a la construcción de bibliotecas municipales, que permitieron la instalación de más 60 de estos centros de cultura, incluyendo algunas donadas a comunidades pobres del país. En mi calidad de regidor, yo tuve el privilegio de canalizar la instalación de una biblioteca en el Cruce de Guayacanes, provincia de Valverde, a unos pocos kilómetros de Loma de Guayacanes, el lugar de nacimiento del doctor Peña Gómez, que fue también mi lugar de nacimiento.
A pesar de haber definido un proyecto presidencial y constituir una corriente propia dentro del PRD, el doctor Peña Gómez desempeñó la administración municipal con estricto apego a la ley, con un claro sentido de justicia social, con un alto nivel de eficiencia gerencial y racionalidad administrativa y sobre todo, con una pulcritud y una honradez que han desafiado los más rigurosos e interesados escrutinios.
El doctor Peña Gómez se jactó de invertir en obras y servicios, 77 centavos por cada peso administrado. Se convirtió en el más prolífico constructor de obras que haya pasado por el Ayuntamiento del Distrito Nacional, abarcando prácticamente todos los campos de las funciones edilicias y desarrollando otras iniciativas que no eran competencia obligada del cabildo.
Durante sus cuatro años al frente del Ayuntamiento, solo administró poco más de 122 millones de pesos pero mejoro los servicios y construyó obras en todos los barrios de la capital. Durante su gestión se eliminaron los vertederos improvisados, se normalizó el servicio de recogida de basura, se reacondicionaron y ampliaron los mercados, se elaboró el Plan Maestro de Residuos sólidos, se desarrolló el más amplio programa de drenaje pluvial , se pavimentaron y bachearon cientos de kilómetros de calles y avenidas, se construyeron y habilitaron más parques y plazas que en el resto del país, se construyeron más estadios y más canchas que las que construyó en el mismo período la Secretaría de Deporte en todo el territorio nacional, se crearon escuelas laborales en las que se formaron más de 20 mil mujeres en diversos oficios, se mejoraron los servicios de los cementerios.
Veamos algunas cifras de las obras que construyó o realizó Peña Gómez con los chelitos que administró durante los cuatros años de su gestión municipal.
Más de ochenta comunidades y barrios del Distrito Nacional fueron beneficiados por el programa de pavimentación, reconstrucción y bacheo de calles. Muchas de esas comunidades recibieron la reparación total de sus calles, como la Zona Colonial, Ciudad Nueva, Gazcue, Centro de Los Heroes, 30 de Mayo y 24 de Abril, entre otros sectores.
Construyó 158 mil 600 metros lineales de aceras y 122 mil 273 metros lineales de contenes en los barrios de la capital y en las comunidades rurales del Distrito Nacional.
Construyó 16 plazas y paseos en la avenida George Washngton y en otros puntos del Distrito Nacional, entre los cuales se destacan la Plaza de Guibia, la Plaza Omar Torrijos, la Plaza de la Constitución, la Plaza de la Democracia, la Plaza Antonio Guzmán, además de reacondicionar la mayoría de los parques tradicionales de la capital.
Construyó 43 instalaciones deportivas, incluyendo más de 30 canchas, varios estadios, cuadrilateros de boxeo, una pista de Bisicross en La Yuca y una pista de patinaje en Guibia. De todas estas obras deportivas, la que Peña Gómez exhibió con más orgullo fue la cancha-puente de Las Cañitas, que aportó una solución sanitaria, una solución vial y una solución social y recreativa.
Instaló más de 20 escuelas laborales en locales propios y alquilados en las que se formaron más de 20 mil mujeres pobres en distintos oficios, incluyendo costura, cerámica, bordado, belleza, macramé, repostería y artesanía diversa. Con los resultados de esta labor de formación se realizaron 24 ferias artesanales para la exhibición y venta de los artículos elaborados.
Construyó el Club Recreativo de los Empleados y obreros del Ayuntamiento del Distrito Nacional en la zona de Los Minas, que incluía además de salones para eventos, varias instalaciones y facilidades deportivas.
El sentido de compromiso social y de respeto a la dignidad humana, indujo al doctor Peña Gómez a tratar con mucha sensibilidad el tema de la pobreza y su expresión urbana. Enfrentó con responsabilidad el problema de los buhoneros y la ocupación de los espacios públicos, pero no atropelló a los ciudadanos que se ganaban la vida mediante la actividad económica informal. Discutió con los dirigentes de los buhoneros las medidas a tomar para ordenar sus actividades, construyó plazas en distintos puntos de la capital y los reubicó sin maltratar a nadie.
Lo mismo hizo en Boca Chica, donde recuperó la franja de playa que ordena la ley y estableció puntos específicos para la operación de los vendedores tradicionales.
El legado trascendente de Peña Gómez
A pesar de que no tenía ninguna experiencia en la administración pública, el doctor Peña Gómez demostró a su paso por el Ayuntamiento del Distrito Nacional no solo que era un administrador honrado, austero y eficiente, sino también que tenía el perfil de un estadista con clara visión de futuro. Sus hechos lo demuestran.
El doctor Peña Gómez estaba convencido de que las obras materiales no eran suficientes para garantizar una gestión institucional y socialmente trascendente.
Por eso se preocupó desde el primer momento por crear y dejar un legado de realizaciones que además de fortalecer la institucionalidad municipal, sirviera también como modelo y ejemplo de buen gobierno para las futuras generaciones.
Permítame comenzar este enfoque con un testimonio personal en mi calidad de regidor y vocero del Bloque Municipal del PRD. Recuerdo cuando en el primer año de gestión los regidores se pusieron de acuerdo para promover una mejoría en los modestos ingresos que percibían por concepto de dietas y honorarios.
Cuando el tema fue conocido en el Consejo de Regidores, el doctor Peña Gómez detuvo el proyecto con una declaración tajante. “No podemos mejorar los ingresos de los regidores y de los funcionarios de la administración, mientras no elevemos razonablemente los salarios de los trabajadores, de los que recogen la basura, de los que limpian los imbornales y de los que bachean o hacen los trabajos más duros en las calles de nuestra ciudad”.
El tema no volvió a discutirse hasta que los obreros del Ayuntamiento comenzaron a recibir el primer aumento salarial, que fue también el primero en toda la administración pública en el período de gobierno del doctor Salvador Jorge Blanco.
Yo viví otra experiencia personal aleccionadora cuando en el año 1984 fui escogido para representar al Ayuntamiento de Santo Domingo en un Congreso de Ciudades Históricas que tendría lugar en Sevilla, España. Cuando abordé al síndico para que me asignara la dieta correspondiente, me planteó que había que buscarla por otra vía, porque él tampoco se asignaba recursos especiales de la institución para realizar los viajes que hacía al exterior, generalmente para buscar ayuda material para los proyectos del Ayuntamiento.
Finalmente conseguí una pequeña asignación como una ayuda personal del doctor Emilio Rodríguez Demorizi, presidente del Consejo de Regidores, y admito que me resentí por algún tiempo con el doctor Peña Gómez, pero poco después ese hecho sirvió para afianzar mi admiración y mi respeto por su honradez pública y personal.
Cuanta diferencia con estos tiempos en que todos los recursos públicos se dilapidan y se reparten como si se tratara de una herencia particular.
Entre los grandes aportes institucionales dejados por el doctor Peña hay que destacar de manera relevante el Programa de Fortalecimiento Institucional, desarrollado con el apoyo del BID y del Instituto Brasileño de Administración Municipal (IBAM), que implicó la reformulación de la estructura orgánica del Ayuntamiento, la elaboración de un nuevo sistema impositivo municipal y la creación de los manuales de Tesorería, de contabilidad, de procedimiento de auditoría, de administración tributaria, de adiestramiento, de compras y suministros, de administración patrimonial y de administración de equipo y transporte, entre otros. También se derivó de este programa el Centro de Capacitación Municipal, una herramienta fundamental para asegurar un proceso sostenible de reformas.
El Programa de Fortalecimiento Institucional incluyó igualmente un amplio dossier de propuestas para la reformulación de la legislación básica del Ayuntamiento, incluyendo una nueva ley orgánica para el Distrito Nacional que reforzaba la capacidad del cabildo como órgano de servicio a la comunidad y su papel como promotor del desarrollo local.
Entre las obras que con más orgullo exhibió el doctor Peña Gómez desde el Ayuntamiento, figura el programa de arborización dirigido a mejorar las condiciones ambientales y el ornato de la ciudad de Santo Domingo, terriblemente impactada por el paso devastador del Huracán David en el año 1979. Tan extraordinaria fue la labor de siembra urbana que desarrollo el doctor Peña Gómez, que seis años de devastaciones de otra administración municipal no ha logrado suprimir el impacto bienhechor que tuvo su obra en el mejoramiento del clima del gran Santo Domingo, cuya temperatura promedio se redujo en casi dos grados.
El doctor Peña Gómez no solo logró resolver el agobiante problema de la recolección y disposición final de la basura, sino que también se ocupó crear un esquema racional para la administración de este servicio, mediante el Plan Maestro de Residuos Sólidos. También promovió la instalación de la primera empresa de reciclaje del país, instalada en la Zona de Villa Mella con el apoyo del sector privado y que se dedicó en la primera etapa a la recuperación de plástico, vidrio, papel, cartón, tela, metales y material orgánico para la producción de compost, un producto para mejorar la calidad de los suelos cultivables.
Otras obras trascendentes del doctor Peña Gómez fueron los planes de ordenamiento territorial para racionalizar el desarrollo urbano del Distrito Nacional focalizados en la zona de los Minas Norte y en la comunidad turística de Boca Chica.
El doctor José Francisco Peña Gómez fue responsable de poner en práctica los primeros mecanismos institucionales de participación de la comunidad en la gestión pública.
En su gestión edilicia se instituyó el Departamento de Acción Comunitaria del Ayuntamiento del Distrito Nacional, se fortaleció la participación de las juntas de vecinos, que habían sido creadas durante la administración del síndico Pedro Franco Badía y se puso en práctica el programa de los convites barriales, en el que convocaba la participación directa de los ciudadanos para trabajar conjuntamente con el ayuntamiento en beneficio de la comunidad. También creó otros importantes mecanismos de vinculación con la comunidad y sus sectores representativos, entre los que destaca el Consejo Empresarial de Asistencia Municipal, constituido por empresarios interesados en aportar soluciones en beneficio de la ciudad y del gobierno local.
Justamente con la participación del sector empresarial, el doctor Peña Gómez creó un importante proyecto de gran impacto en el desarrollo de los pequeños negocios y la economía informal: la Asociación para el Desarrollo de la Microempresa (ADEMI), que se instaló con un financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), gestionado por él en su condición de síndico y con el valioso apoyo del ya fenecido empresario Camilo Lluberes, quien también fue un destacado dirigente del PRD.
Este proyecto se correspondió con su compromiso de campaña de trabajar no solo para mejorar los servicios básicos del Ayuntamiento, sino también para enfrentar el grave problema del desempleo que siempre ha gravitado en la ciudad de Santo Domingo por ser el principal polo de atracción de las migraciones internas.
ADEMI comenzó a operar en los barrios marginados de Santo Domingo en el mes de abril de 1983 y en poco tiempo se extendió por todo el territorio nacional. Muy pocos recuerdan que esa iniciativa fue gestada y parida por la gestión municipal del doctor Peña Gómez.
En el ámbito turístico y cultural, el doctor Peña Gómez, con la eficiente colaboración de la doctora Milagros Ortiz Bosch, logró rescatar y revalorizar el Carnaval de Santo Domingo. Durante los cuatro años de su gestión, el Carnaval alcanzó un extraordinario brillo, convirtiéndose en una de las grandes atracciones turísticas de la ciudad capital.
En su gestión se reivindicó el rol cultural del Ayuntamiento, apoyando la labor de nuestros artistas y desarrollando actividades diversas a través del Batton Ballet, el Coro Municipal, la Banda Sinfónica Municipal y los grupos de música típica.
Un proyecto especial, motivo de gran orgullo para el doctor Peña Gómez, fue el programa de Rescate y Revalorización de la Zona Colonial de la ciudad de Santo Domingo, para lo cual creó la Comisión Rectora de la Zona Colonial, bajo la dirección del destacado urbanista José Ramón Báez Lopez-Penha. Mediante este programa se reconstruyeron las principales calles de la Ciudad Colonial con ladrillos de hormigón rojo y con tabletas de color cemento, se adoquinaron algunas vías como las calles Las Damas y la Luperón y se reconstruyeron las cuestas empedradas de las calles Hostos y Emiliano Tejera, desde de las Ruinas del hospital San Francisco de Asís.
Pero además, en la casi totalidad de las calles intervenidas se colocaron tramos secundarios del alcantarillado, se cambiaron todas las acometidas de agua y desagüe y se pusieron cajas protectoras a los medidores de agua.
Conjuntamente con estas labores se restauró la vieja escalinata que comunica la calle El Conde con la avenida del Puerto, se rescataron las áreas verdes y se instaló un sistema de iluminación con faroles típicos del año 1850 y lámparas fluorescentes colocadas en lugares estratégicos, con lo cual se logró un ambiente nocturno atractivo y seguro.
Como es bien salido, en política o en materia de gobierno, no existe un parámetro absoluto para medir la calidad de una gestión. El único método válido para evaluar el desempeño de un político o de un administrador público es la comparación objetiva con otros procesos similares.
Como ejercicio, le aporto un dato. En cuatro años y con apenas 122 millones de pesos, el doctor Peña Gómez realizó la lista de obras que de manera limitada me he permitido presentarles. El actual síndico, perdón, alcalde, del Distrito Nacional, en seis años no ha logrado presentar a sus munícipes un solo proyecto institucional trascendente y sus obras materiales se cuentan con los dedos de la mano: 14 parques canquiñas, un boulevard de dos cuadras que nadie usa, unas cuantas jardineras en el centro de la ciudad, cientos y talvez miles de matas de palma que no dan sombra, y un Barrio Chino en el que solo puso la propaganda, a punto de colapsar por una absurda y arbitraria disposición.
¿Y saben ustedes cual fue el presupuesto del año 2007 del Ayuntamiento del Distrito Nacional?... fueron exactamente tres mil 905 millones de pesos, que nadie sabe como se gastaron, ni siquiera la Cámara de Cuentas y muchos menos los regidores.
Si por sus obras los conoceréis, como reza el principio bíblico, las realizaciones de Peña Gómez demuestran de manera fehaciente que él no solo predicó con la palabra, sino también con el ejemplo, y que los que tomamos la decisión de seguirlo, al margen de cual fuera nuestra orientación ideológica original, tenemos motivos más que suficientes para sentirnos orgullosos y para seguir levantando con mucha honra la bandera de la acción política solidaria, honesta y comprometida con los mejores intereses del país que él puso de manifiesto en todos los actos de vida política y personal.
Santo Domingo.-
Jueves 2 de septiembre, 2008