Uno compositores de habla hispana de mayor trascendencia internacional, dada la cantidad de artistas de prestigio de distintos países y la diversidad de obras de indudable calidad y que trascienden la barrera del tiempo, ha sido el dominicano Mario de Jesús.
Me convertí en admirador empedernido de don Mario desde que conocí sus principales canciones. Me enorgullecía sentir que sus canciones eran tan nuestras y a la vez me ponía muy triste contemplar cómo era casi un desconocido entre su propia gente. Es más, se puede asegurar que una gran porción de dominicanos supo de él y su obra precisamente por las reseñas periodísticas y faranduleras que daban cuenta de su fallecimiento, ocurrido el domingo 20 de julio del presente año, en Ciudad México. Otro porcentaje ni siquiera se ha enterado todavía que existió, aunque vivió 84 años.
Qué bien lo dice el refrán
Que hoy acude a mi memoria
Cría cuervos y verás
cómo te sacan los ojos.
Pero los que sí lo conocieron e hicieron amistad temprana con este talentoso dominicano-mexicano, nos enseñaron a quererlo, admirarlo y respetarlo desde las limitaciones de nuestra insularidad. Por una u otra vía supimos de don Mario, gracias a Licinio Valerio, Jesús Torres Tejeda, el disquero cubano Mateo San Martín, el periodista boricua Miguel Amílcar López y por tantos programas inolvidables que como “Cien Canciones y Un Millón de Recuerdos”, que a diario nos enternecía el alma desde Radio Popular, y “Sábado Viejo”, que transmitía por Radio Radio, además por mi compulsiva costumbre de coleccionar discos de larga duración, o LP, los cuales escrudriñaba hasta la saciedad para enterarme de todos los créditos habidos y por haber.
Que se mueran de envidia toditos
que critiquen la forma de amarnos
que este amor, tan sincero y bonito
no lo rompe nadie así por así.
Incluso supe con don Licinio, que al igual que Torres Tejada falleció hace varios años, que de Jesús en principio, mientras estuvo residiendo en la República Dominicana nunca pudo lograr el éxito que luego consiguió cuando se radicó en México, algo que sorprendió a sus amigos dominicanos, pues nunca se imaginaron que el joven autor puliría sus canciones de tal manera, en especial tomando en cuenta que no ejecutaba ningún instrumento musical armonioso.
Hacia 1997, tuve el honor de conocerlo, en una actividad de la Sociedad de Autores, Compositores y Editores Americana, ASCAP por siglas en inglés, realizada en el Hotel Fontainebleu en la ciudad de Miami, Florida, donde, junto a Jankarlos Núñez, Raldy Vásquez, Marti Cuevas, María Flores, Juan Hidalgo y Orlando Santana, tuve el honor de compartir con don Mario, el también dominicano Johnny Pacheco, la cubana Olga Guillot y disfrutar de un show estupendo y un emotivo homenaje a Julio Iglesias.
Perdámonos
Por la ruta más lejana de este mundo…
que no nos acosen
que no nos molesten
que nos den por muertos.
Particularmente, me sentí feliz con la Condecoración al Mérito Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Caballero, que el presidente de la República, doctor Leonel Fernández le otorgó en mayo de 2007, mediante decreto emitido en el año 2006, en ceremonia celebrada en la sede de la Embajada Dominicana en México, e igual con el homenaje que por iniciativa del licenciado Felucho Jiménez le rindió la Secretaría de Estado de Turismo, así como por un disco conteniendo las más celebradas canciones del respetado compositor, y luego porque también lo distinguieron en el Senado de la República. No pudo asistir a ninguno de los homenajes que se le tributaron en la República Dominicana, porque ya su salud no se lo permitía.
Dilo tú
Dilo tú
grita fuerte lo mucho que me amas
que se enteren que no hablo mentira.
Aunque aquí se le reconoció varias veces, siento que faltó un gran homenaje para que el pueblo lo descubriera en su justa dimensión y donde se viera reflejado el sentir de la clase artística y los medios de comunicación que reseñan la vida musical de nuestro pueblo, lo que hubiese sido un abrazo popular a tanta gloria que a través del bolero nos brindó don Mario de Jesús.
Por desgracia, no se pudo tomar la señalada iniciativa, motivada precisamente en el temor de que nuestro gran compositor se marchara sin que le hiciésemos sentir que nosotros, su gente, sus compatriotas, lo apreciábamos con toda sinceridad.
De todos modos, aprovecho estas líneas para sugerir que alguno de nuestros representantes municipales o congresuales prepare un proyecto para declarar Hijo Meritorio a don Mario de Jesús y ojalá que también conlleve designar una calle digna con su nombre. Y digo digna para que algún gracioso no aparezca sugiriendo un callejoncito empedrado que no llega ni a callejuela. Que tampoco propongan un río que se secó, como diría mi recordado buen amigo, ex corista y percusionista del grupo músico-vocal del Movimiento Cultural Universitario (MCU), el ingeniero Nelson Jiménez. Hablo de una calle digna, como hace rato debieron designar otras con los nombres de ilustres artistas populares nuestros que ya también se marcharon, pero que deberíamos perpetuar su recuerdo.
Dilo tú
Dilo tú
que se llene tu pecho de orgullo
al sentir que mi amor es tan tuyo.
Duele mucho cuando perdemos una de nuestras glorias, sin poderles decir en vida “te queremos, te admiramos y te agradecemos por todo cuanto nos has brindado”. Luego abundan los homenajes póstumos (placas, discos, documentales…), pero en muchos predominan la hipocresía y el remordimiento de que no lo hicimos cuando debimos y pudimos. Así se nos fueron Billo Frómeta, Mario Rivera, Kilvio Fernández, Tatico Henríquez, Ángel Miro Andujar (Catarey), Bienvenido Brens, Moisés Zouain, Rafael Colón, Manuel Sánchez Acosta, Bienvenido Bustamante, El Negrito Macabí, El Negrito Truman, Radhamés Reyes Alfau, Napoleón Zayas, Antonio Morel, Mercedes Sagrado, Bertico Sosa, Rafael Roques…
Por favor, no permitamos que pase lo mismo con Francis Santana, Félix del Rosario, Cuco Valoy, Héctor (Bomberito) Zarzuela, Leopoldo (Palma Sola) Pineda, Ite Jerez, Crispín Fernández, Rafael (Papo) Cadena, Papa Molina, Luis Pérez, Leonor Porcella Vda. Brea, Vinicio Franco, Frank Cruz, Joseíto Mateo, Camboy Estévez, Luisito Martí, Primitivo Santos, Panchito Martín Mena, Chiquitín Payán, Rafael Labasta, Ismenio Chávez, Ramón (Ray) Martínez, El Cieguito de Nagua, Rafelito Román, El General Larguito, Luis Segura, José Manuel Calderón, Inocencio Cruz, Luis Kalaff, Santiago Cerón y tantos otros que tan bien nos han representado en el lar nativo y allende los mares.
Tengo el sentimiento herido
por las cosas que me has hecho…
Mario de Jesús Báez nació e 18 de agosto de 1924, en San Pedro de Macorís, provincia ubicada en la región oriental de la República Dominicana, y desde su niñez fue un enamorado de la música popular y reforzó sus conocimientos de cultura general
Le gustaba escribir ensayos y artículos, que fueron publicados en distintos periódicos y revistas, en los que revelaba asuntos del arte en general, pero especialmente de la música.
Besos de fuego son los que brinda tu boca
besos que matan y reviven a la vez
quiero tus besos con la furia de una loca
porque sin ellos no puedo vivir.
Hacia 1945 ó 1946 se marchó a Nueva York y en aquella urbe norteamericana fue redactor de la Revista Teatral y corresponsal de algunas publicaciones latinoamericanas, aunque su pasión desde siempre fue componer y esa espinita le clavaba por dentro el deseo de estudiar música, lo que de hecho comenzó hacer.
La editora de música Peer Internacional lo reclutó en el año 1950, empeñándose desde allí en multiplicar su habilidad musical. Tras visitar con cierta asiduidad México y empaparse del ambiente comercial musical, fue cultivando un estilo atractivo de componer y la creatividad se le disparó a niveles insospechados por quienes lo conocían.
¡Adelante
quien quiera que sea
que me esté tocando las puertas del alma!
Entonces llegó su primer éxito como compositor, el bolero “No Toques Ese Disco”, grabado en 1952 e interpretado por el cubano Bienvenido Granda, acompañado por la emblemática Sonora Matancera, donde lo marcaron con el gracioso mote “El Bigote que Canta”.
En 1959 se radicó en México, tras solicitar a la editora con la que laboraba, que lo trasladaran a territorio azteca, donde se desempeñó como subgerente de la Editora Mexicana de Música Internacional (EMMI). En 1966 fue nombrado gerente general de la Editora Mundo Musical, subsidiaria del emporio CBS, hoy SONY, y dos años después, en marzo de 1968, fundó su propia compañía, la Editora Musical Latinoamericana (EMLASA) y en 1975 inauguró a Leo Musical, una empresa repleta de obras de prestigiosos autores de la tierra de Benito Juárez.
Ayúdame, Dios mío
ayúdame a olvidarla
tronchando este cariño
que no puedo evitar.
Ya establecido en México, surgieron otros bolero que le reportaron nuevas satisfacciones al prolífico autor: “Tú la Pagarás”, en la voz de Virginia López, quien también le grabó “Ya Tú Verás”. Poco después arribó el trascendental “Ayúdame, Dios Mío”, originalmente llevado al disco por María Elena Sandoval.
En la patria mejicana conoció a doña María, con quien formó su familia y procreó sus cinco hijos: Alicia, Linda, Marina, Mario e Ivonne.
Recibió muchos premios y reconocimientos por sus aportes como compositor y editor, entre los que sobresalen los trofeos que le otorgaron en Nueva York por su brillante labor autoral: Ángel Vitoria, en 1950; Farándula, de la revista homónima, en 1959; Radiolandia, por su bolero “Ayúdame, Dios Mío”, en 1960, y de la Revista Teatral, en 1961, por su inmortal canción “Y…”. Dos años después, Televisa (que para la época se denominada Televicentro) lo distinguió por el bolero “Adelante” y en 1971 hizo lo propio la Asociación Nacional de Locutores que honró la carrera del compositor dominicano.
Por el amor que tú me tienes
por el cariño que te tengo
vengo a pedirte que escapemos
de la maldad y de la envidia.
Asimismo, en 1979, fue galardonado en nuestro país con el premio El Dorado y al año siguiente reconocido con el Guacaipuro de Oro, en Caracas, Venezuela, en tanto que en México, en el marco del Festival Internacional Metztli de Plata, en 1986, honraron sus 40 años como autor y editor.
Otra vez fue homenajeado en su tierra natal destacándolo por enriquecer con antológicas canciones el acervo musical dominicano, durante el Reencuentro de la Canción Dominicana, en 1991.
En 1995 obtuvo el Premio ASCAP por “Ni con la Vida te Pago”, que, con una superba interpretación de Vicente Fernández, se convirtió en la canción regional mejicana de mayor arrastre en aquel año.
Te entregué alma, vida y corazón
tan amorosamente
y te burlaste de mi
tan despiadadamente.
Sigue de frente…
Don Mario cerró sus ojos para siempre el domingo 20 de julio de 2008, pero nos regaló una producción de aproximadamente 300 canciones grabadas. Además de las ya referidas en párrafos anteriores, nos legó “Que Se Mueran de Envidia”, “O…”, “Sigue de Frente”, “Cría Cuervos”, “Perdámonos”, “Agua Mansa”, “Ese Bolero Es Mío”, “Tengo el Sentimiento Herido”, “Melchor, Gaspar y Baltasar”, “Mentiras al Oído” y las letras de “Besos de Fuego”.
Pero no sólo compuso canciones románticas, también escribió temas jocosos, jacarandosos, uno que otro merengue donde le brotaba su dominicanidad y otras en las que demuestra su amor por México, la patria donde echó raíces y que lo acogió como a uno de los suyos,
Entre los que grabaron sus canciones se destacan Javier Solís, Julio Iglesias, Luis Miguel, Marco Antonio Muñiz, Libertad Lamarque, Plácido Domingo, Los Panchos, Lucho Gatica, Eydie Gormé, Altemar Dutra, Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, Vicente Fernández, Toña La Negra, Vicky Carr, Olga Guillot, Amalia Mendoza, Felipe Pirela, Antonio Prieto, La Sonora Matancera, Germain de la Fuente y Los Ángeles Negros, Virgina López, Pérez Prado Lucía Méndez, Alberto Vásquez, María Luisa Landin, Flor Silvestre, Alberto Vásquez, Lucía Méndez, Charytin Goico, Los Pasteles Verdes, Los Terrícolas, Pedrito Fernández, Manny Manuel, Manoella Torres, Richard Clayderman, Rolando Ojeda, Simone, Sonia López, Frankie Ruiz, Hermanos Rigual, Tamara y Luis Cobos.
Mentiras al oído
dime muchas mentiras
no rompas la ilusión
que está en mi corazón por tanto tiempo.
¡Gracias, don Mario de Jesús Báez, por todo cuanto nos brindó en su fructífera existencia. Sepa que aún usted nos llena el pecho de orgullo al sentir que sus canciones son tan nuestras. Descanse en paz y satisfecho de su legado adonde haya decidido radicarse con su sonrisa franca, su admirable humildad y un legajo de canciones que de seguro quedaron en carpeta.