Pero al final de la carrera que se definirá el próximo 6 de septiembre, sino ocurre un imprevisto, ganará el codiciado puesto a juzgar por la balanza de poder que prevalece en Islamabad.
Pese a que el ex primer ministro Nawaz Sharif separó a su partido Liga Musulmana de Paquistán N (PML-N), segunda fuerza política hoy en ese país, el PPP todavía cuenta con el apoyo necesario para impulsar la candidatura de su co-presidente.
La elección del nuevo presidente de Paquistán, en sustitución del renunciante Pervez Musharraf, será una carrera entre tres contendientes:
A Zardari se suman el ex presidente de la Corte Suprema Saeeduzzaman Siddiqui, reputada figura pública en el país nominada por el PML-N, y el senador Mushahid Hussain, postulado por la Liga Musulmana de Paquistán Q (PML-Q).
La ruptura del PML-N con la alianza que comanda el PPP significa el primer tropezón para Zardari, quien incluso le pidió disculpa pública a Sharif por el desentendimiento entre ambos y le pidió que regresara a la coalición. Al anunciar la retirada de su organización de la alianza, el jefe del PML-N acusó a Zardari de violar los acuerdos alcanzados por sus partidos para fortalecer la democracia en el país.
Sharif, derrocado en 1999 por Musharraf entonces comandante en jefe de las fuerzas armadas en un golpe militar, tenía un pacto con el PPP que inició con Benazir Bhutto mientras estaban en el exilio.
Ese arreglo, el cual denominaron la Carta por la Democracia y Zardari prosiguió tras el asesinato de su esposa el pasado diciembre, incluía dos prioridades: enjuiciar a Musharraf y reinstituir a los jueces que este destituyó cuando decretó el estado de emergencia en noviembre pasado.
Sharif también exigió que antes de que se eligiera al nuevo mandatario, el Parlamento debía abolir los poderes ejecutivos absolutos del presidente que implantó Musharraf, incluso con potestad de destituir las asambleas legislativas y los gobernadores provinciales.
De esa forma, argumentó se estaría garantizando un ambiente democrático en un régimen parlamentario, como estaba antes de la asonada de 1999.
Con su dimisión, Musharraf hizo que su enjuiciamiento por el Parlamento fuera innecesario, pero la reinstitución de los jueces es todavía una cuenta pendiente, como también la abolición de los poderes absolutos del ejecutivo.
El incumplimiento por Zardari, hasta ahora, de sus compromisos hizo que la dirección del partido Jamiaat-E-Ulemai Islam (JUI-F), también de la coalición, expresara que le resultaba difícil mantenerse en la alianza, aunque no ha anunciado se separación.
Tal declaración echó un cubo de agua sobre el liderazgo del PPP que ve como la proclamada unidad democrática se resquebraja, y a ello se suma, según trascendidos, que el PML-N entabló conversaciones con el antiguo rival PML-Q.
El diario The News indicó que esas agrupaciones conversan para tratar de lograr un acercamiento, ahora que ambos estarán en la oposición.
No obstante, a pesar de perder el respaldo del PML-N, la balanza política se inclina a favor del candidato del PPP en la elección presidencial que se realizará al unísono en el Parlamento y en las cuatro Asambleas Provinciales.
Para ganar el puesto, un candidato debe obtener 352 votos de los 702 disponibles, o sea la mitad más uno.
Conforme al actual colegio electoral en Paquistán, de las 702 boletas, 342 corresponden a la Asamblea Nacional, 100 al Senado y 260 a las cuatro casas legislativas provinciales, repartidas equitativamente a 65 por cada una.
Tomando en consideración la retirada de la PML-N, el PPP puede aún ganar 400 votos incluidos los de sus socios de coalición, el MQM, ANP, PML-F, PPP-S y el JUI-F.
En caso de que el JUI-F también abandonara la alianza, serían tan solo siete boletas menos por lo que la cuenta, 393, seguiría siendo favorable al viudo de la asesinada Benazir Bhutto.
Entonces solo resta por ver en los próximos días hasta el 6 de septiembre, cómo Islamabad volverá a vivir intensos días de ajetreo y un tira y afloja entre los partidos y legisladores en busca de apoyos y ganancias políticas, o reanudadas alianzas.
ale/mh