A las 12:25 de la tarde fue depositado el ataúd en el patio de la vivienda materna del militar domínico-estadounidense, lugar escogido por su familia para que se lleve a cabo el velatorio, previo a su sepultura el jueves en el cementerio de aquí, lo que está programado para las 10:00 de la mañana.
Dos horas antes de ser trasladado a esta comunidad, el féretro había ingresado al país por el Aeropuerto Internacional del Cibao, acompañado del padre del occiso, José Concepción Ulloa Sánchez, quien viajó a Nueva York a finales de la semana pasada, de donde este miércoles trajeron el cadáver. Otros parientes también vinieron en el vuelo de American Arlines que condujo el ataúd.
Al inicio del velatorio, que se realiza bajo el amparo de una gran carpa, en la parte trasera de la casa, Miriam Ulloa, hermana del sargento muerto, agradeció en nombre de la familia la solidaridad recibida. Pidió a los particulares presentes permitirles a los parientes velar solos por algunas horas el cadáver.
Un contingente de los Estados Unidos, encabezado por el teniente coronel Michael Michael E. Knutson, agregado militar de la Embajada de los Estados Unidos en el país, ha estado permanentemente acompañando los restos y a los familiares del sargento Ulloa González.
Entre estos está el sargento Rubén Burgos, nativo de Fajardo, Puerto Rico, quien se constituyó en el más cercano amigo que tuvo Ulloa González mientras se desempeñó como militar en la base que tienen los Estados Unidos en Mannheim, Alemania.
Con voz entre cortada, el sargento Burgos narró a los periodistas que la amistad entre ambos se convirtió en algo tan familiar que, cuando Ulloa González fue enviado a Irak “me encomendó que me encargara de ayudar a su esposa Nieves y su pequeño hijo Steven en todo lo que necesitaran, mientras estuviera en aquella nación”.
Recordó que Ulloa González originalmente no estaba adscrito a esa base militar, sino a otra pero también en Alemania y que, cuando se requirieron los servicios de voluntarios de otras bases, él se prestó como tal, llegando el 30 de mayo del 2006 y fue enviado a Irak el 22 de julio del pasado año.
En el recinto militar donde se conocieron Burgos y Ulloa González apenas había otros seis soldados hispanos. Su forma de ser y actuar le llamó la atención al soldado puertorriqueño, por lo que rápidamente se convirtió en su mejor amigo.
“Tenía una personalidad viva y alegre que hacía imposible que no se notara entre los demás, al tiempo que le caía bien a todo el mundo, que no se metía con nadie y era una persona agradable, respetuosa y bien humilde”, narró con un dejo de tristeza.
Además del coronel Knutson y el sargento Burgos, se encuentran aquí, entre otros, la capitana Maribel Núñez, nativa de la ciudad de Bonao y los sargentos Silvestre Lloyd y William Russell.