"Ese tiguere va a caer preso", "Diablo, pero igualito que aquí", fueron algunas de las expresiones que gritaron espectadores en la sala 4 del Cinema Centro, durante la proyección de la cinta de Ángel Muñiz, una sátira socio-política a la supuesta corrupción existente en la República Dominicana.
A lo que el público le hizo más gracia fue al rótulo final de la cinta "Esta película está basada en hechos imaginarios. Cualquier coincidencia con la realidad es puramente circunstancial". El aplauso no se hizo esperar.
En esa sala se produjo una de las expresiones más extrañas tras la proyección de un filme: un aplauso espontáneo. Esto ocurrió al final de la tanda de las 7:25 pm. Cuando el público de esa jornada salía ya había una fila de más de 100 personas, taquilla en mano, esperando para entrar. Entre esas personas estaba el comediante Margado, quien declaró que "vine a pagar mi entrada para respaldar a Ángel que es un fajador y que me dicen ha hecho una película muy responsable y divertida."
Informes obtenidos en el cine indicaban que a la cinta le estaba yendo muy bien en sus primeras exhibiciones del crucial día jueves.
"Ese tiguere va a caer preso" voceó uno de los asistentes durante el diálogo por teléfono del personaje que hace al jefe de la policía, César Caamaño, y un (supuesto) alto funcionario de gobierno en torno al extravío de 100 millones de pesos, monto en el cual cada uno de los involucrados reclama su parte.
Angel Muñíz ha establecido que esta es la película que el siempre quiso hacer para plantear la situación del país con apego a las reglas del cine.
Identidad con el discurso visual
Entre los asistentes a las primeras funciones de Ladrones a Domicilio se comentó postivamente la cinta del director de Productora Quita Sueño, particularmente por la identificación con la trama y con el discurso visual de la introducción de la cinta.
Las tomas del tránsito matutino la ciudad de Santo Domingo, las escenas de
los pasajeros tomando las guaguas y los carros, las imágenes a contrapicado
(desde arriba) del denso tránsito en los puentes Duarte y Juan Bosch (matizados con un filtro dorado que apuntala el inicio de los primeros rayos de sol, las vistas de los motoristas cargados con una familia completa o con decenas de galones de plástico, logran calar en el ánimo de la gente,.
La musicalización de Enerolisa y Roldán es buena, tiene un gran sonido, pero
algunos espectadores indicaron que pudo haber sido más acertada si el tema
de la película fuera rural y no urbano como es el caso.
Las actuaciones que más impactan son las de Manolo Ozuna cuando explota de
furia en el aula de la Universidad, las de Miguel Ángel Martínez (que se roba el show) y las de Juan María Almonte, en particular cuando dice, molesto "!Quítenseme!" y su último parlamento cuando sonríe socarronamente y proclama"Algo hacemos".