Dicha enmienda afectará a millones de inmigrantes de América Latina, África y Asia que viven en el viejo Continente a dónde han ido a estudiar, trabajar, sobrevivir y en busca de oportunidades que nunca lograron en las naciones donde nacieron.
Los países miembros de la poderosa Unión Europea como cualquier otra nación, o bloque de países tienen el derecho de adoptar medidas legales internas que entiendan contribuye a reorganizar su territorio, a tener control de todos aquellos que cohabitan su espacio físico. Pero de ahí a auspiciar una política migratoria de expulsión pura y simple hay un largo trecho.
Hay temor de que se profundice la xenofobia en el viejo continente, que haya una especie de persecución continua contra el volumen de inmigrantes irregulares en Europa, estimado en ocho millones.
La llamada Directiva Retorno, que regula la detención y expulsión de inmigrantes ilegales en la UE, fue aprobada hace 10 días y una de sus medidas es la detención en centros especiales por hasta seis meses (ampliables a 18) de los que no quieran salir por su voluntad en 30 días.
Esta disposición sancionada por los países miembros de la Unión Europea (UE) para controlar la migración ha creado inquietud entre los gobiernos latinoamericanos, muchos de ellos, públicamente han rechazado esa medida, especialmente los presidentes Alan García, de Perú y Hugo Chávez Frías, de Venezuela. Este último amenazó con suspender la venta de petróleo a los países miembros de la Unión Europea si finalmente es ratificada.
Entre los inmigrantes ilegales establecidos en Europa hay una buena proporción que proceden de distintas naciones de América Latina, lo que evidentemente crea inquietud por las consecuencias sociales de una eventual expulsión masiva de esos ciudadanos.
En verdad, el mundo vive un momento de profunda complejidad ya no tan solo por los aumentos secuenciales de los precios del petróleo, los conflictos bélicos, la crisis alimentaria sino además por las reformas migratorias que impulsan especialmente los países industrializados.
Es necesario que América Latina reaccione de manera conjunta y no individualmente ante este nuevo escenario mundial, tratando de provocar acuerdos a nivel de Estado con los gobiernos que promueven las nuevas reformas migratorias.
Uno de los elementos criticados en la política migratoria promovida por el Parlamento Europeo es que las garantías ofrecidas a los inmigrantes dentro de los procedimientos definidos son mínimas, contrariando todo el discurso de defensa de los derechos humanos común en el viejo continente.
Naciones como Francia, Suiza, España y Holanda que mantuvieron durante años las puertas abiertas a los inmigrantes hoy muestran una actitud diferente.
Ante el cuadro de dificultad que vive la humanidad, donde millares de personas padecen hambre, con una crisis alimentaria que es una seria amenaza a la existencia humana, no se corresponde que las naciones desarrolladas apliquen disposiciones tan crueles como de expulsar pura y simplemente a los inmigrantes. No olvidemos que gracias al esfuerzo, sudor y sacrificio de esos ciudadanos los países del primer mundo han logrado prosperidad y progreso.
Ahora no se puede alegar que los inmigrantes son todos delincuentes, que representan un peligro para la paz y seguridad interna de las naciones europeas. Ciertamente, que aparecen sujetos –dolorosamente entre ellos algunos latinoamericanos-que tienden a delinquir en esos lugares, pero es la minoría. La mayoría de los hombres y mujeres de República Dominicana, Colombia, Ecuador, El Salvador, Cuba, Haití, Paraguay, Honduras, Brasil, Nicaragua, entre otros países que emigraron hacia Estados Unidos, Canadá o Europa son honestos y trabajadores cuyo único objetivo es progresar.
El experto colombiano en asuntos migratorios, William Mejía, entiende que el significativo aporte de los inmigrantes a la economía europea está reflejado en el último informe de la Comisión Europea sobre las finanzas públicas para 2008, que plantea que “la capacidad de reacción de la economía española al desaceleramiento económico iniciado en 2001 no puede explicarse sin los inmigrantes, sin los cuales las caídas en las tasas de crecimiento hubieran sido mucho mayores".
Mejía agrega, que según documento de la Unión Europea, desde 2002, según los cálculos presentados, los inmigrantes han contribuido con más de 50 por ciento del crecimiento del Producto Interno Bruto de España".
Y cita que en el campo de las finanzas públicas, "los inmigrantes contribuyeron durante 2006 con más de la cuarta parte del superávit del gobierno español, al aportar 0.6 de 2.2 por ciento del Producto Interno Bruto de España que representó ese superávit".
Esos datos son reveladores del aporte de los inmigrantes al desarrollo y prosperidad que hoy exhibe España así como la mayoría de las naciones de la UE.
Por lo tanto, no se justifica que ahora se aplique una especie de xenofobia contra gentes cuyo único delito es haber salido de sus tierras nativas en busca de un mejor porvenir.
Evitemos reabrir las heridas que nos marcaron la presencia de Cristóbal Colón en América así como de los emperadores portugueses en Brasil. Nuestra América Morena no merece más castigo. ¡Basta ya!, de tantos latigazos.
El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, quien asumió esta semana la presidencia rotativa de la Unión Europea (UE), parece decidido a endurecer las políticas de inmigración entre los 27 países que conforman el bloque al sentenciar que “Francia, o Europa, no va a aceptar toda la miseria del mundo".
Sarkozy desea que la UE prohíba las regularizaciones masivas de extranjeros sin papeles como las que han concedido España e Italia en la última década.
Si ello se llega a aplicar millones de latinoamericanos se verán seriamente afectados agravando aún más la difícil situación social por la que atraviesa la región actualmente.
No olvidemos que la inmigración es un fenómeno histórico, que por décadas ha movilizado a millones de seres humanos en el planeta. Por lógica, el ser humano tiende a moverse hacia el lugar donde cree alcanzará mayor calidad de vida, y eso lo saben más que nadie los franceses que tienen una deuda social eterna con su antigua colonia Haití, la que abandonaron a su suerte. ¡Que Dios nos proteja ante tanta deshumanización!
Martes 1 de julio 2008