Actualizado sábado 4 de julio de 2009, 03:12:17 PM (EDT), Santo Domingo, República Dominicana
DELINCUENCIA Y SUS JUECES
El INACIF: Entre el temor y la esperanza
Por Wilfredo Mora El autor es criminólogo y perito forense
Los dispositivos del crimen perpetrado en contra del interfecto ingeniero Ortega, y las hipótesis delictivas presentadas por la Policía Nacional son indicadores de que el tema del INACIF no está terminado, de que apenas empieza. Y lo decimos, fundamentalmente, porque en los próximos días los legisladores tienen la oportunidad de aplazar el conocimiento de la pieza, hasta tanto sea convocada una Vista Pública, del alto nivel y de conocimiento general, es decir, un representante del Tribunal Superior, el Procurador General, el Jefe de la Policía, el proponente del proyecto, el director del INACIF y nosotros los que nos oponemos al mismo, y que además sea puesta su convocatoria en los medios de comunicación nacional, para que participe todo el mundo.
Aceptando que el INACIF sea verdaderamente una institución para la investigación científica del crimen, que sus autoridades sean forenses (y ya sabemos que ninguno de sus directores lo son) nos preguntamos de qué manera puede contribuir a descubrir, puede colaborar judicialmente en casos graves, si sus actores no están debidamente formados ni acreditados como tal. Más aún, nadie sabe de qué autoridades hablamos, pues nunca han aparecido en público para informar al país en casos tan importantes como el presente y en otros todavía frescos en la opinión pública, como en su momento lo fue el malogrado Milton Peláez.
El INACIF es una Policía Científica; la Policía Nacional no debería ser judicial, o de lo contrario no se está creando una PTJ (Policía Técnico Judicial). De acuerdo a nuestra experiencia no es la Policía la que debe descubrir las pruebas en este caso, sino el INACIF. De hecho, en otros países la Policía Científica (INACIF) adquiere mayor prestigio e inspira mayores confianzas cuanto más se ciña a la dirección de un organismo de colaboración judicial, y por qué no, de un juez que controle a dicho organismo.
Si los legisladores votan a favor del infausto proyecto, obtendremos una organización simple, vulnerable, que en nada podrá investigar crímenes; hemos propuesto una distinta, acorde a los estándares internacionales de los Cuerpos médico-forenses. Es el tiempo de las ciencias forenses en la República Dominicana. No pueden ocultarse sus autoridades y no pueden los políticos dirigir a los científicos. A los que están actuando en sentido contrario, por miedo o por ignorancia, a veces por necedad de molestar, les decimos, estamos frente a nuestra única oportunidad.
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