La interrupción voluntaria del embarazo lleva a un gran peligro para la salud cerebral de las mujeres que han abortado. El Royal College aconseja que se oriente sobre estas inseguridades, además de tener en cuenta otras consideraciones, a quienes pretenden abortar.
Y es que 2007 la actriz Emma Beck de 30 años, abortó. Posteriormente se ahorcó, aliviándose al dejar a sus parientes una patética carta: "La vida es un infierno para mí, yo nunca debería haber abortado, habría sido una buena madre. Quiero estar con mis bebés, necesitan de mí, más que nadie".
Una humanidad que presume de sus políticas sociales, en estos momentos tenemos el caso de partido socialista español, debería tutelar más a los inocentes ya que, el abrigo de la existencia, es una importante obligación moral.