El informe fue dado a conocer en Miami y decía que la seguridad para empresarios y empresas multinacionales en el país había mejorado, según el último índice de Seguridad Latina hecho por la empresa FTI Consulting Ibero América para el semanario Latin Business Chronicle (Crónica de los Negocios Latinos).
El índice resalta una clasificación de nivel de peligro en cada país medido por puntos desde 1 a 5, con uno para un país totalmente seguro y 5 para el peor. Sólo tres países en América Latina recibieron dos puntos: Costa Rica, Chile y Uruguay. República Dominicana mejoró de 4 a 3 puntos y fue una de tres naciones latinoamericanas que mejoró en ese renglón en el último año, dice el informe.
“República Dominicana ha podido bajar sus tazas de crimen gracias a inversiones y un enfoque a la seguridad pública y probablemente también gracias a que la economía está mejorando”, dijo Frank Holder, el gerente senior para consultoría forense y de litigio y experto en seguridad en América Latina.
Expresaba el citado informe que dentro del grupo Cafta, República Dominicana es el segundo más seguro país, después de Costa Rica, que se considera el más seguro. (FUENTES: www.SYL.COM, www.almomento.net)
Ahora resulta que no ofrecemos seguridad al turismo, según un informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos, en el que se exhorta a los ciudadanos estadounidenses a no transitar por determinadas zonas del país para evitar ser asaltados, violados o extorsionados por agentes de la policía.
Es normal que ocurran hechos delictivos en todas las grandes ciudades del mundo y nosotros no podemos ser la excepción. Que conste, no estoy justificando los hechos delictivos del país, que nos tienen al volar.
Ciertamente, hay que reconocerlo, tenemos muchos policías corruptos y delincuentes por montones en la calle, protegidos por un nuevo Código Procesal Penal impuesto a la fuerza por los Estados Unidos a través de uno de sus organismos satélites regionales. Si ahora hay más delincuencia que antes es porque ese código lo permite. Estamos en presencia de un bochornoso tipo de proteccionismo judicial auspiciado por los Estados Unidos.
Además, Estados Unidos es el principal destino del trasiego de las drogas que se embarca a esa nación desde diferentes puntos del mundo. El narcotráfico es responsable de muchos de los crímenes que se cometen en suelo dominicano. Si el crimen ha aumentado en el país en los últimos meses ha sido, en parte, como consecuencia de los miles de dominicanos repatriados desde los Estados Unidos por estar involucrados en la comercialización de estupefacientes y en la comisión de otros delitos mayores. Los repatriados difícilmente consigan empleos por estar fichados de por vida en los archivos policiales y para sobrevivir se lanzan a las calles a delinquir.
La Policía atrapa in fraganti a los delincuentes, pero si los arresta no puede enviarlos ante los tribunales hasta que un fiscal lo autorice. Mientras, los antisociales se burlan de la ciudadanía imponiendo sus propios códigos. No podemos negar que ocurren asaltos, macuteos policiales y violaciones sexuales, entre otros delitos, pero son hechos menores aislados y controlables. Son acciones dirigidas no sólo contra los turistas norteamericanos, sino contra todos los que residimos aquí. Con insistencia, se trabaja en la depuración de los policías corruptos; que son sacados de las filas policiales, inmediatamente son sorprendidos en acciones dolosas. Policías corruptos los hay en todas partes del mundo. ¿Acaso no los hay en Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón, etc.?
No se puede generalizar ni tomar como parámetro algunos hechos aislados para condenarnos ante el mundo y hacernos parecer como un país inseguro. Ese informe contiene verdades a medias y constituye una puñalada al turismo dominicano. No somos tan crueles como se nos describe.
Si analizamos el tema a profundidad, entonces habría que decir que Estados Unidos tampoco es un paraíso seguro. Es una nación vulnerable, a pesar de contar con el mejor ejército, los mejores organismos de inteligencia del mundo, y recursos suficientes para ejercer el dominio político y militar sobre las naciones más débiles. Así lo demuestran los últimos hechos sucedidos en varias ciudades norteamericanas, principalmente Manhattan, donde en dos ocasiones han volado importantes símbolos patrios de esa nación (World Trade Center y las Torres Gemelas, para poner dos ejemplos).
Cuando menos uno lo piensa, aparece un ciudadano, se atrinchera, fusil en manos, para disparar en forma indiscriminada contra los transeúntes o sencillamente coloca un carro bomba contra un edificio repleto de personas, como ocurrió en la ciudad de Oklahoma, cuando el 19 de abril del 1995 Timothy McVeigh, un ex soldado frustrado, voló parte del edificio donde operaban las oficinas del FBI con una camioneta llena de explosivos, matando 167 personas, entre ellos 19 niños, y causando heridas a unas 500.
Si vamos a hablar de seguridad y a pasar facturas, entonces el Gobierno dominicano tendrá que advertirles a sus ciudadanos residentes en el Bronx, Manhattan, y otras peligrosas urbes norteamericanas, que tengan mucho cuidado para no ser víctimas de asaltos, violaciones y otros delitos graves, en virtud del alto índice de delincuencia que se registran en esas naciones. Rudolph Giuliani, el legendario ex alcalde de Nueva York, logró reducir el crimen en la Gran Manzana, pero no lo eliminó en lo absoluto. A pesar de reducir la delincuencia, la población aún siente temor cuando camina por las calles. Eso se llama inseguridad.
Independientemente del derecho que tiene el gobierno de los Estados Unidos de alertar a sus ciudadanos frente a los hechos delictivos en las naciones donde se hospedan (suele hacerlo con otros países), sospecho que ese reporte viene a ser una especie de castigo a la República Dominicana por las valientes críticas lanzadas por el presidente Leonel Fernández a las naciones ricas durante la reunión de alto nivel de Seguridad Alimentaria que se realizó en recientemente en Roma, Italia.
Un párrafo del discurso del Presidente Fernández pudo haber motivado al Departamento de Estado la iniciativa de dar a conocer ese dardo venenoso disfrazado de informe. En esa ocasión, el mandatario dominicano dijo lo siguiente: “Si en las naciones desarrolladas se sigue considerando que solamente a través de la búsqueda insaciable del lucro, de la especulación, de la codicia, de la ostentación, de la avaricia, de la arrogancia y de la falta de sensibilidad ante los problemas de los demás, se podrá seguir acumulando riquezas y poder, entonces, sin duda alguna, podríamos vaticinar que lo que se producirá será una crisis del modelo de civilización”.
En otro párrafo del discurso, Fernández expresó sus quejas por la poca ayuda de las naciones ricas hacia los países, que como Haití, tienen dificultades para sobrevivir, situación que al decir del jefe del Estado dominicano “exhibe características de catástrofe mundial”(Ver discurso en www.presidencia.gob.do).
La postura del presidente Leonel Fernández ante el citado foro internacional fue correcta. Los dominicanos debemos sentirnos orgullosos de él, defender sus principios y no ceder ante esa actitud chantajista de un gobierno que mientras certifica a otras naciones amigas por supuestas violaciones a los derechos humanos, sus tropas masacran a poblaciones indefensas bajo el alegato de “defender” e instaurar la democracia en los países gobernados por regímenes de ideologías comunistas.
Ese informe es exagerado y el mismo obedece a retaliaciones políticas. No es casual que el Departamento de Estado ofrezca ese reporte ahora, a penas días de concluir el histórico foro internacional de la FAO, en Roma. ¿Qué calidad moral puede tener Estados Unidos para certificar a otras naciones sobre seguridad ciudadana, cuando a lo interno de esa nación ocurren a diario crímenes de diversos tipos, o tal vez más horrendos, que los denunciados en la República Dominicana?
¿Quiénes se benefician con ese informe?: los países que compiten con nosotros en el renglón turismo, principalmente Puerto Rico, colonia estadounidense, donde la delincuencia es más agravada que en República Dominicana, según las estadísticas.
En el pasado reciente, la prensa nacional e internacional reseñaba las denuncias malintencionadas de sectores extranjeros ligados al turismo, al divulgar falsas informaciones dando cuenta que los turistas que visitan la República Dominicana son víctimas preferidas de la delincuencia. Otros llegaron a decir que aquí no hay seguridad jurídica para las inversiones. En efecto, en parte, lograron sus propósitos pues el flujo de extranjeros que vacacionan en nuestro país se redujo considerablemente y fue a parar a Puerto Rico, Costa Rica, y otros destinos turísticos.
Admitamos que todavía la delincuencia mantiene en zozobra a la población, pero es un problema que nos afecta por igual a todos los que residimos en esta acogedora tierra y a quienes nos visitan. Se trabaja insistentemente en la preservación de la seguridad pública. No hay motivo para merecernos un descrédito internacional.
Por último, pienso también que el informe es una respuesta al acentuado protagonismo que ha adquirido el presidente Leonel Fernández en América Latina. Hay celos. Indudablemente, el mandatario se ha convertido en un líder político latinoamericano y lo demostró en su papel de mediador en la crisis Ecuador-Colombia y Venezuela durante la Cumbre de Río que se celebró en Santo Domingo. Su amistad con el presidente Hugo Chávez no ha caído bien en el Departamento de Estado de Norteamérica, mucho menos la amistad que lleva con mandatarios de ideologías progresistas. Preparémonos, vendrán más sorpresas.