Desde la perspectiva del Partido Revolucionario Dominicano, la evaluación del reciente proceso electoral es un ejercicio necesario para reconocer los puntos fuertes, consolidar los aciertos, detectar las fallas estratégicas y evitar los errores predecibles en el futuro.
Sin embargo, es conveniente evitar el análisis unilateral o simplista, ya que ni los éxitos ni los fracasos están de un solo lado. La política es una actividad compleja basada en una confrontación de estrategias, donde una acción correcta puede ser neutralizada por otra acción correcta y oportuna.
De antemano es conveniente establecer que el PRD participó en una contienda electoral viciada en la que se transgredieron todas las normas del juego democrático, en la que el partido oficial y el Gobierno utilizaron el poder y el patrimonio público a su absoluta discreción, ante la mirada cómplice del liderazgo nacional y la actitud blandengue y timorata de la oposición política
Los puntos luminosos de la campaña electoral
Superando los malos augurios y las fisuras naturales que se derivan de una contienda interna, el PRD logró la unidad total de su liderazgo en el marco del pasado proceso electoral. A pesar de que el aparato reeleccionista exhibió una descarnada voluntad para estimular la deslealtad y el transfuguismo en las fuerzas de oposición, los principales dirigentes del PRD se mantuvieron fieles al Partido y asumieron con responsabilidad las tareas asignadas por el candidato. La definición oportuna de la candidatura presidencial fue un factor sumamente importante en la consolidación de este logro institucional.
A pesar del cuestionamiento a su capacidad discursiva y a sus habilidades políticas, el ingeniero Miguel Vargas demostró un desempeño sobresaliente como expositor y reveló un conocimiento bastante sólido sobre la problemática general del país y de su entono geopolítico. Con el apoyo de dirigentes del Partido y de valiosos colaboradores vinculados al sector productivo nacional, el ingeniero Vargas logró concertar importantes acuerdos institucionales y políticos que contribuyeron a elevar su aceptación en segmentos estratégicos de la sociedad dominicana, sobre todo en el liderazgo agropecuario.
Un punto luminoso del trabajo electoral del PRD fue la preparación oportuna de sus representantes en los centros de votación y la asignación de los recursos adecuados para que los delegados, suplentes y facilitadores pudieran desplegar sus tareas en la jornada comicial, superando la proverbial precariedad que acusaba el partido en esta importante fase de la contienda. Aunque en algunos municipios –caso Santiago Rodríguez- los recursos de la jornada electoral nunca llegaron. Conviene resaltar que el PRD cristalizó en gran medida el propósito anunciado por su alta dirección de incorporar al trabajo de los centros de votación a sus dirigentes más calificados.
La responsabilidad del candidato
La revisión autocrítica debe comenzar por la cabeza del proyecto electoral, representada por el candidato presidencial, ingeniero Miguel Vargas, que por lo demás ha emergido del proceso con un fuerte liderazgo y con el potencial para asumir roles protagónicos en el futuro inmediato.
Pero validar el rol del candidato en la pasada campaña sin identificar fallas y deficiencias relacionadas con su desempeño particular, es como asumir que todo lo hizo bien y que la experiencia registrada es el camino a seguir. Hay muchos dirigentes y observadores del proceso que entienden que no es así.
En el caso de los antiguos aliados del Partido, se atribuye al candidato no haber dado suficientes señales de interés por un acuerdo con este sector, específicamente que no importantizó desde el punto de vista personal las relaciones con los dirigentes de estas agrupaciones, un factor que si bien no es necesariamente decisivo no deja de ser influente.
Algunos antiguos aliados argumentan que el candidato del PRD fue muy tímido en el manejo de las relaciones personales y afectivas y que no se mostró razonablemente asequible, como en el pasado lo hicieron José Francisco Peña Gómez e Hipólito Mejía.
Otra observación con razonable fundamento que recae sobre la responsabilidad del candidato tiene que ver con el toque personal que imprimió a su campaña dentro de las filas del PRD. Fue muy extendida la queja sobre las dificultades para contactar al candidato y en muchos lugares del país los perredeístas nunca contaron con su presencia a todo lo largo de la extensa campaña electoral. Eligio Jaquez, en un escrito difundido el 19 de mayo, expone una interesante reflexión sobre este aspecto de la campaña:
“Cuando tuvimos nuestro candidato elegido casi 20 meses antes de las elecciones creímos que tendríamos tiempo para visitar cada pueblo, sección, paraje, barrio del país y del exterior. Por primera vez desde 1961 ocho pueblos de Monte Cristi, nueve pueblos de San Cristóbal, doce pueblos de Peravia, cinco de Monseñor Nouel, los pueblos del Bajo Yuna entre otros, quedaron a espera de ver y escuchar a su candidato hablarle de la solución a sus problemas específicos, de asegurarse que le conocieran sus nombres, su trabajo, su ascendiente. A fin de cuentas fueron Antonio Guzmán, Salvador, Jacobo, Peña e Hipólito, quienes los acostumbraron a estimularle su espíritu. No pocos asumimos esto como cultura política. Si usted sale a vender una ilusión, está claro que es usted quién debe evidenciar más seguridad, más fe, más confianza en la bondad de su propuesta. Pero los dirigentes locales del PRD, hay que decirlo, siempre fueron presas de dudas sobre la legitimidad de su representación frente al último proyecto político.
En cualquier rincón del país se escuchó a alguien decir ``quién responderá por mi”`, “no veo claro el cordón que me une a las instancias superiores”.
Más que como un reproche, que no es el tono de las observaciones de Eligio Jaquez, sus señalamientos deben ser tomados en cuenta como un elemento importante de las fallas a evitar en el futuro.
Aunque reveló buenas habilidades para el debate y la exposición de sus ideas, el candidato se mostró excesivamente conservador en la defensa y el ataque. Administró un silencio inexplicable en el tratamiento del tema Marbella y sus relaciones con el empresario español Carlos Sánchez, a pesar de que al final de campaña, durante su comparecencia en el encuentro de los medios del Grupo Corripio, despejó de manera categórica todas las dudas tejidas en torno a ese expediente. ¿Pero por qué tuvo que esperar tanto, por qué no fue capaz de montar mucho antes un pequeño “show mediático” para desarticular la estrategia de sus detractores? En este punto, el ingeniero Vargas parece haber olvidado la premisa mediática de que “la peor información es la que no se da”.
En cuanto al ataque, el candidato del PRD fue crítico, pero con excepción del caso Sun Land, que en realidad fue asumido por la dirección del Partido, nunca mostró la disposición de jugársela para enfrentar el uso abusivo y descaradamente público de los recursos del Estado por parte de Leonel Fernández. De hecho aceptó como una fatalidad todas las prácticas ilegales del Gobierno y del partido oficial, a pesar de que contábamos con un excelente escenario internacional para crear una crisis, desacreditar al candidato reeleccionista y obligar al Estado a respetar las reglas de juego. Con menos recursos y un entorno internacional más hostil, el doctor Peña Gómez montó una formidable cruzada internacional de denuncias contra la Banda Terrorista que azotó a la población dominicana a principios de los años 70.
Otro aspecto en el que destaca la responsabilidad del candidato, y sobre el que siempre se tejieron determinados cuestionamientos, es el relacionado con la dirección y la gerencia de la campaña electoral.
¿Escogió el candidato el equipo idóneo para dirigir el proceso?. ¿Cuales fueron los criterios que primaron para constituir los equipos de trabajos en áreas estratégicas de la campaña electoral? ¿Fue la competencia y la destreza de los incumbentes o la confianza y la lealtad personal?
¿Fue correcto que el candidato mantuviera a su equipo de colaboradores prácticamente inamovible durante toda la campaña, a pesar de las debilidades evidentes mostradas en algunas áreas? En importantes corrientes de opinión, dentro y fuera del PRD, se cuestionó reiteradamente la selección de algunos de sus principales colaboradores, por no ofrecer el perfil adecuado para asumir la compleja tarea de enfrentar todo el poder y la capacidad de marrullas del partido de gobierno.
La gestión del voto
Si bien el esfuerzo electoral del Partido, sobre todo el desempeño en los centros de votación, ha sido reconocido como uno de los puntos luminosos del pasado proceso, el aspecto de la gestión del voto debe merecer una valoración especial.
Mientras el PLD, apoyado en los recursos del Estado, desarrolló mecanismos especiales de identificación y reclutamiento de sus votantes, el PRD esperó hasta la jornada de votación para ubicar a sus seguidores conocidos, aunque previamente se hicieron intentos de “cara a cara” que parecían más bien responder a una acción proselitista y no propiamente a un esfuerzo consistente para identificar a sus posibles electores.
Si bien es cierto que el éxito real del PLD descansó fundamentalmente en el uso de los recursos del Estado y la compra del voto, ese hecho no debía implicar necesariamente que el PRD no hiciera las cosas convenientes dentro de sus posibilidades y limitaciones.
Al PLD, por ejemplo, le dio resultado el programa del llamado “Padroncillo”, que consistía en la responsabilidad asumida por sus dirigentes, activistas y simpatizantes de gestionar el voto de 20 personas vinculadas a su entono. Ese programa fue una copia fiel de la propuesta formulada por quien esto escribe en la campaña interna de la doctora Milagros Ortiz Bosch, dada a conocer en rueda de prensa con el título “20 más por Milagros y el país” pero que fue abortada por la oposición de dirigentes del proyecto que entendían que una estrategia como esa no debía ser conocida por los contrarios. Esa iniciativa de origen perredeísta, desaprovechada por el PRD, fue utilizada con éxito por el PLD
Otros aspectos relacionados con el papel de los comités de base electoral , prácticamente inoperantes, y con la real adecuación del Partido a la estructura de los recintos electorales, deben ser objetos de ponderación por las autoridades del PRD.
El protagonismo del partido y sus símbolos
Un aparente error estratégico de la campaña electoral del PRD fue la marcada demora en otorgar al Partido como institución y como fuerza social organizada el protagonismo que le correspondía en la contienda. Durante más de un año, después de la definición de la candidatura presidencial, los símbolos del Partido se mantuvieron ausentes de la campaña, mientras se ponía en práctica la estrategia, recomendada por los asesores internacionales de no asociar al candidato a la ortodoxia y a la tradición perredeísta.
La influencia de los asesores extranjeros en la orientación de la estrategia publicitaria se hizo patente cuando se elaboró y difundió un spot de televisión en el que se hacía aparecer al candidato agotando un turno al bate en un juego de pelota sin utilizar la cachucha con el signo distintivo del equipo al que pertenecía, una regla de cumplimiento obligatorio en el juego de beisbol. Aunque fueron pocos los perredeístas que decidieron montarse en el carro de la reelección, este detalle fue uno de los argumentos esgrimidos por algunos de los tomaron esa decisión.
Los asesores prefirieron la vía fácil y decidieron despojar al candidato del lastre que supuestamente representaba la pasada gestión de gobierno, en lugar de asumir las realizaciones históricas del Partido y explicar el papel que le tocó jugar al gobierno de Hipólito Mejía en las difíciles circunstancias provocadas por la quiebra de los bancos. Mientras tanto la estrategia de los reeleccionistas fue golpear al candidato y al Partido presentándolos como una misma cosa, neutralizando en gran medida el esfuerzo de establecer distancia entre uno y otro.
El PLD golpeó duramente al PRD, persiguió a sus dirigentes con imputaciones perversas pero inconsistentes, lo acusó de manejar irregularmente los bonos soberanos, de financiar un programa de invernaderos y de no haber hecho nada por el país y en sus tres gobiernos. Y los perredeístas no se defendieron, confirmando el acierto del dicho popular criollo de que “al que no da, le dan”. Ni siquiera el candidato se atrevió a defender sus propias ejecutorias en el gobierno de su partido.
Al final quedó demostrado que la incorporación plena del PRD, a través de sus símbolos, sus líderes y su poderosa base social, fue el factor decisivo para superar el estancamiento que atribuían las encuestas al ingeniero Miguel Vargas y alcanzar el honroso 40 y tanto por ciento en una contienda absolutamente desigual.
La estrategia de comunicación y publicidad
Un aspecto importante en el que debe centrarse la evaluación de la campaña del PRD, para mejorar el desempeño en las próximas jornadas electorales, es el manejo de la estrategia de comunicación, incluyendo el componente publicitario.
El esfuerzo de análisis debería insistir en plantear algunas interrogantes sobre este importante aspecto de la campaña electoral, incluyendo la pertinencia y el aporte de los principales slogans de la campaña: Miguel Vargas, mi presidente, y Miguel Vargas es empleo.
¿Eran estos los mensajes adecuados para una población con un alto nivel de información y discernimiento político y por lo tanto con una marcada sensibilidad para entender y valorar el sentido de una propuesta política?
La oferta central del candidato se hizo descansar en dos propuestas que podían ser asumidas y ejecutadas plenamente por el presidente y candidato reeleccionista, como efectivamente ocurrió con la creación de 600 mil empleos parasitarios y asignaciones clandestinas de ayuda.
Muchos se preguntan por qué los estrategas de la campaña no se decidieron por proponer una resuelta campaña de oposición o satanización contra el presidente y candidato, parecida a la que desarrolló el PLD contra el PRD en el 2004, articulando campañas estratégicas dirigidas a mostrar el fracaso rotundo del gobierno de Fernández en las principales áreas de la administración y en políticas fundamentales como energía eléctrica, racionalidad de la inversión pública, disciplina fiscal, deuda interna y externa y lucha contra la corrupción, y además, por qué se mantuvo un contenido publicitario eminentemente “light”, repetitivo y de escaso impacto, soslayando la posibilidad de utilizar la comunicación pagada para satanizar la corrupción pública, presentando uno por uno los tantos expedientes que mostraban al gobierno de Leonel como el más corrupto de toda la historia del país.
También llama la atención el por qué no formó parte de la agenda de denuncias de la campaña del PRD el fraude de los 288 millones de pesos del Plan de Pensiones de la Secretaría de Hacienda, cuando ese hecho, por sus implicaciones sociales y políticas, tenía toda la vocación para convertirse en uno de los más sonados casos de corrupción, junto al préstamo ilegal y la desaparición de los 230 millones de dólares de la Sun Land.
Fue tanta la timidez de la estrategia de comunicación del PRD que en el tramo final se editó “El álbum de la corrupción del Gobierno de Leonel”, pero no fue asumido responsablemente por ninguna instancia de la campaña y debió circular como un documento apócrifo, por lo cual no tuvo ninguna resonancia en los medios de comunicación. Nadie asumió la responsabilidad de esa publicación, pesar de que todo su contenido estaba basado en hechos públicos conocidos y ampliamente debatidos, muy diferente a los dos álbumes publicados oficialmente por el PLD contra el Gobierno de Antonio Guzmán, que solo contenían insinuaciones o hechos irrelevantes.
Uno de los logros más notables del trabajo de comunicación de la campaña del ingeniero Vargas fue mantener un eficiente flujo de informaciones de prensa, pero en el reverso de la medalla hay que decir que se soslayó totalmente el papel de la Secretaría de Comunicaciones, y desaprovechó el talento y la disposición de numerosos comunicadores profesionales vinculados al PRD, y ni siquiera logró establecer un mecanismo de trabajo para aprovechar adecuadamente las utilidades de Internet y la prensa digital, recursos indispensables para conectarse con la población joven, los núcleos profesionales y la comunidad dominicana residente en el exterior. En nuestros archivos reposan dos propuestas sometidas a los responsables de la campaña para fortalecer la estrategia de comunicación del candidato, que aparentemente no merecieron ninguna ponderación.
El director de uno de los principales periódicos digitales del país llegó a quejarse ante quien esto escribe de que durante toda la campaña electoral nunca recibió una llamada telefónica de los responsables de comunicación del PRD, y muchos menos un anuncio publicitario, mientras los peledeístas mostraban un interés y una atención muy superior en todos los sentidos.
Estas son algunas observaciones puntuales sobre la campaña electoral del PRD, pero la evaluación debe profundizar todas las áreas del proceso para detectar las fallas y aplicar los correctivos correspondientes. Este esfuerzo debe comenzar con un testimonio auto crítico del ingeniero Miguel Vargas.
8 de mayo, 2008