Brooks, que nació el 18 de mayo de 1937 en Little Rock, Arkansas, fue un prospecto abocado al triunfo desde que comenzó, tal y como atestiguaron los fanáticos cubanos cuando con solo 17 años éste dio verdaderas disertaciones de cómo se jugaba la antesala.
Asimismo, los buscadores de talento de la "Gran Carpa" se disputaban la presencia de esta promesa en sus formaciones. Uno de ellos, Lindsay Deal, reportaría a Paul Richards, director de los Orioles, las siguientes acotaciones:
"Tiene buenas oportunidades para imponerse en las Ligas Mayores... es un tercera base natural... su físico es extraordinario para su edad... no es ultra rápido, pero tampoco es un carretón... sabe lo que tiene que hacer y mantiene su flema cuando la cosa se pone dura... Otros siete clubes están definitivamente interesados en él".
Con esos antecedentes, poco demoró Brooks para que los Orioles lo adquirieran por la bonificación de cuatro mil dólares, agenciándose un cinchete como jugador y- muy especialmente- como persona durante 23 temporadas.
En 1955 Robinson debutó y, a pesar de que en su primer desafío conectó dos sencillos y empujó una carrera, el promedio ofensivo fue un famélico .091, porque de su bate no salió otro indiscutible en 22 veces al bate.
Al años siguiente, después de seguir madurando con el San antonio, Liga de Texas, dobló las veces al bate con el Baltimore y encendió 10 imparables (un jonrón) y finalizó con .227.
En la campaña de 1957 ascendió a .239 en 50 juegos y ya como regular en 1958 concluyó en .238 en 463 veces al bate. Fue esa la primera ocasión en que conectó más de 100 hits (110).
Mas, lo que desde un inicio impactó del muchacho fue su actitud hacia el juego.
Brooks trabajaba fuerte en todo momento. En una ocasión, al ir tras un elevado de foul en Detroit chocó con una valla de hormigón y se dañó la mandíbula inferior a la vez que cinco de sus dientes se astillaron.
En estado semi inconsciente escuchó al entrenador vocear: "¡Llamen una ambulancia!". Pero Brooks se paró y demandó: "Denme mi guante y que continúe el encuentro. ¿Es que acaso no han visto a alguien golpeado anteriormente?".
De la noche a la mañana Brooks se había convertido en una realidad. Un otrora estelar, Pie Traynor, señaló: "Tiene reflejos excepcionales y ni el más avezado halador puede pasarlo con un batazo".
Tan excelente era su juego desde época, que todo aquel que se desenvolviera tan bien como él defensivamente en una campaña era definido como Brooksian, o "similar a la defensa de Brooks.
En cuanto al bateo, "la aspiradora" se fue consolidando y entre 1959 y 1962 alcanzó promedios sucesivos de .284, .294, .287 y .303. En esa última campaña, incluso, botó más de 20 pelotas (23).
No obstante, y a pesar de que en 1964 conectó para .317 producto de 194 hits en 612 turnos y encabezó a los impulsores con 118, 1970 constituyó su temporada más destacada.
En la misma finalizó con .276 en la etapa regular con 168 imparables en 608 veces al bate; pero primeramente en la Serie de Campeonato Brooks compiló .583 con siete indiscutibles en 12 oportunidades.
Ya en la Serie Mundial contra los Rojos de Cincinnati su average fue .429 con nueve inatrapables en 21 comparecencias al cajón, dos jonrones y seis carreras impulsadas.
Un desconcertado Sparky Anderson, mentor de Cincy, gruñiría: " Robinson nos derrotó". Pero si excelsa fue su ofensiva, su desempeño al campo fue cenital. Se lanzaba en "diving" hacia ambos lados y siempre engarzaba la píldora.
Brooks robó a los Rojos muchos más indiscutibles de los que conectó. Un atribulado jugador del equipo perdedor declaró: "Este hombre puede fildear una pelota con un alicate".
Y tan espectacular fue su juego defensivo que el toletero mayor del Cincinnati Johny Bench, víctima frecuente de la excelencia de Robinson, afirmaría sin resentimiento: Regreso a la cueva apreciando la jugada en su justo valor- algo a tono con la belleza."
Pero en Brooks no todo era béisbol; también era un caballero desde cualquier punto de vista.
Durante el desarrollo del Juego Todos Estrellas de 1967, el más reciente integrante del Salón de la Fama Red Ruffing fue solo saludado por un jugador entre todos los participantes: Brooks Calbert Robinson.
Hombre afable y modesto, nunca negó un saludo o una sonrisa a sus admiradores, que eran todos.
Su retiro sobrevino el 18 de septiembre de 1977 ante una enaltecida multitud de 51 mil 798 fanáticos que colmaron Memorial Stadium.
El ingreso a Cooperstown de Robinson ocurrió en 1983 sin objeciones, pues concluyó con .267 al bate debido a sus dos mil 848 incogibles (268 jonrones) en 10 mil 654 veces al bate con 1, 357 carreras impulsadas, esculpió su nombre con letras indelebles en el cojín a la izquierda del plato.
mpm/rlo
(*) Colaborador del Prensa Latina.