A partir de entonces el mandatario iniciará un segundo mandato consecutivo, tercero de por vida, parte de una carrera meteórica en el plano nacional.
Un mar de conjeturas envolvió las últimas semanas de la fragorosa campaña electoral sobre las opciones de éxito de los candidatos, y en particular Fernández, batido por alzas de precios y acusaciones de corrupción en su equipo.
La recta final proselitista estuvo signada por avatares pues al principio el mandatario parecía triunfador, apoyado en una gestión estable incluso ante catástrofes naturales, pero la noción varió.
Ese ámbito placentero sufrió mellas por varias huelgas de los médicos públicos, un paro nacional contra la carestía de la vida y acusaciones de uso de fondos oficiales en trajines electorales.
Los efectos adversos de esas alegaciones se reflejaron en el ascenso de la candidatura de su rival más peligroso, Miguel Vargas, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
El entusiasmo de ese giro inesperado fue evidente en el PRD, que retomó aliento y enfiló sus cañones propagandísticos hacia los votantes indecisos.
La tercera fuerza política, el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), permanecía un tanto al margen del intenso fuego entre el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y PRD, con la expectativa de una coyuntura que le insuflara ánimos.
Algunas cejas de alzaron ante la nueva situación y una segunda vuelta, antes descartada a priori, comenzó a mencionarse como una probabilidad tangible.
Tomado el pulso, el PLD empeñó a sus pesos pesados, entre ellos el canciller Carlos Morales, en asegurar la mayor cantidad posible de sufragios para evitar una segunda ronda con olor a derrota.
En un escenario de reedición electoral, el PLD pudiera haberse visto obligado a involucrarse en una batalla de muchos contra uno, siempre riesgosa por desigual.
El clima expectante prevaleció hasta las últimas horas de este viernes, cuando el primer boletín de la Junta Central Electoral (JCE) mostró clara ventaja para el PLD y sus 11 aliados frente al PRD y su coalición.
Bien entrada la madrugada de hoy, cuando la JCE difundió su séptimo parte, ya Fernández se había proclamado ganador y Vargas reconocido la derrota.
El boletín adjudicó un millón 992 mil 290 votos a Fernández, casi medio millón más que su enconado rival del PRD.
Aunque esperada, llamó la atención la debacle del PRSC el cual apenas reunía a esa hora 174 mil 78 sufragios, 4,68 por ciento.
Si esa cifra persiste puede ser el principio del fin del PRSC que, en los comicios de 2012, recibirá una asignación menor de los fondos que el Estado asigna a los partidos en tiempos de campaña.
En ese panorama, el PLD es el gran vencedor y reasumirá el gobierno con un apoyo indudable en un sistema cada vez más bipolar que impondrá a sus contrincantes una revisión a fondo de su estrategia y presupuestos.