Hijo de emigrantes a Estados Unidos, el mandatario tiene en su palmarés haber sido el primer miembro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en llegar a la presidencia del país, en 1990, en circunstancias poco ortodoxas.
Fernández llegó temprano a la vida política, en sus años de estudiante en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, primada de las Américas, de la cual obtuvo un doctorado en Sociología de las Comunicaciones.
Seducido por la atmósfera de los 70 participó en las jornadas reivindicativas de la época y fue elegido secretario general de la Asociación de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas.
Esa fase fue el choque de Fernández con la administración del entonces presidente Joaquín Balaguer: ambos hombres volverían a encontrarse pero en circunstancias distintas.
Estudioso de la obra de Juan Bosch, estuvo entre los fundadores del PLD, en cuya estructura ascendió, en 1985 a miembro del Comité Central y, un lustro después, al Comité Político y secretario de Asuntos Exteriores.
Caracterizado por la profundidad de sus análisis, Fernández fue el candidato del PLD en las elecciones de 1992, en las cuales quedó por debajo del aspirante del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Joaquín Peña Gómez. Este sería su segundo contacto con Balaguer, esta vez en términos amistosos, pues el veterano político decidido a evitar el ascenso de Peña Gómez a la presidencia, selló una alianza hasta entonces impensable que dio el triunfo al PLD.
Al decir de sus críticos, la gestión de Fernández se centró demasiado en la capital y en proyectos tecnológicos y olvidó las zonas rurales, un error que los votantes castigaron en los comicios del 2000, ganados por el PRD.
Conocedor del medio, Fernández se hizo a un lado en 2000, pero aseguró la candidatura de 2004, campaña en la cual el PRD llevó la peor parte y vio a Fernández ganar en primera vuelta con 57 por ciento, el más alto por ciento jamás registrado.
Obras que sus detractores califican de faraónicas, como el Metro, una intensa obra intelectual, varios doctorados Honoris Causa y un control estricto sobre su partido caracterizan al actual mandatario dominicano.
Síntesis de las viejas y las nuevas generaciones políticas dominicanas, Fernández ha capeado acusaciones de corrupción, utilización de fondos públicos con fines electorales y disensiones internas sin sufrir desmedro sustancial.
Su campaña muestra un fuerte tinte personal y, todo indica, ha dado resultados, al menos en las encuestas, que lo dan ganador en primera vuelta, hipótesis que sus opositores rechazan.
acl/msl