La heterogénea tripulación de sus tres carabelas y el propio Colón se dijeron extasiados ante la exuberancia del paisaje, contrastante con la aridez de la España trashumante recién salida del dominio musulmán y entrada en la Inquisición.
Limitada al Norte por el Océano Atlántico, al Sur por el Mar Caribe, al Este por el Canal de la Mona, y al Oeste por Haití, Dominicana se extiende 48 mil 422 kilómetros cuadrados en los que viven más de 10 millones de personas.
Fue en la costa Norte donde Colón, con los restos de una de sus naves, erigió un baluarte militar, el fuerte Navidad, escenario de la primera rebelión aborigen documentada contra los conquistadores, que llevaron la peor parte.
La génesis del país fue esta capital, fundada por Bartolomé Colón, de donde partirían los soldados de la Corona en busca del oro tantas veces mencionado en el diario del Almirante de la Mar Océana, que también de aquí saldría encadenado.
El entusiasmo colonial decayó con el descubrimiento de los restantes territorios del continente en los que sí había oro en cantidades considerables y, a partir del siglo XVI, la isla cae en el olvido y, con él, viene la pobreza.
La fragmentación de la isla se establece a fines del siglo XVII con el Tratado de Ryswick entre España y Francia y se formaliza en 1777 con el de Aranjuez, el cual limita la extensión de las zonas controladas por Madrid y Francia.
El advenimiento de la Revolución francesa, la invasión de España por Bonaparte y, sobre todo, la revolución de los esclavos en la zona occidental de la isla abren un período turbulento.
En 1844 es proclamada la independencia de Haití por los miembros de La Trinitaria, organización que alentó la idea de la creación de la República Dominicana cuyo primer presidente, Pedro Santana, fue elegido el 14 de noviembre de ese año.
Diversos intentos haitianos por reocupar el país fueron rechazados a lo largo de los años, pero los independentistas sufrieron un revés con la anexión a España entre 1861 y 1865.
El país sería ocupado de nuevo entre 1916 y 1924 por el ejército de Estados Unidos, que abrió el camino para la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, las tres décadas más sanguinarias de la cruenta historia dominicana.
La muerte de Trujillo en 1961 inició otra fase procelosa en la cual nacionalistas e izquierdistas enfrentaron otra ocupación estadounidense, el derrocamiento del presidente electo Juan Bosch e intentos de implantar el neotrujillismo.
Esos esfuerzos, en su forma más cruda, fueron baldíos y, en los últimos 42 años, esta isla antillana ha tenido siete presidentes, uno de los cuales, Joaquín Balaguer sirvió siete mandatos de diversas extensiones.
Marcada por una acre pugna entre los tres principales partidos: de la Liberación Dominicana, Revolucionario Dominicano y Reformista Social-Cristiano, el país enfrenta hoy retos tal vez más espinosos que los registrados en su historia.
Sin fuentes de energía, con una industria agropecuaria frágil y altos niveles de pobreza, Dominicana busca en su interior soluciones a los problemas causados por el neoliberalismo que rige su economía en este mundo unipolar.