La información que hemos conseguido muestra que la escala del escándalo es tan grande que hubiera sido imposible que los factores implicados en dichas operaciones no lo supieran, señaló Junichi Sato, coordinador de Greenpeace en el archipiélago.
Sato denunció que la tripulación del buque-factoría, Nisshin Maru, está involucrada en una red de contrabando y que varios de sus miembros ocultaron carne del cetáceo en su equipaje.
Greenpeace divulgó varias de las pruebas recopiladas y en ese sentido demandó el fin de la financiación del programa ballenero.
El mes pasado cuando el Nisshin Maru arribó a puerto miembros de la tripulación trasladaron cuatro cajas procedentes del ballenero a un camión especial de reparto bajo la mirada del personal de Kyodo Senpaku, empresa que fleta el barco.
La organización pudo acceder al contenido de una de las cajas y descubrir que contenía 23,5 kilogramos de carne de ballena salada de primera calidad, estimada en más de tres mil dólares.
Establecimientos en los que se sirve el preciado manjar aseguraron poco después que esperaban un cargamento.
Los superiores del Nisshin Maru, oficiales de Kyodo Senpaku e incluso miembros del Instituto de Cetáceos (ICR) estaban al tanto de esas operaciones, aunque no hicieron nada por impedirlas.
Según el grupo ecologista, el buque-factoría lanzó por la borda toneladas de carne al no disponer de suficiente capacidad de tratamiento y al descubrir que algunos ejemplares presentaban tumores cancerígenos.