Nacido de una escisión entre Juan Bosch, el más sólido político dominicano contemporáneo, y el resto de la cúpula dirigente del Partido Revolucionario (PRD), el PLD ha ascendido de manera sustancial en la preferencia de los electores.
A pesar de la erosión que causa el ejercicio del gobierno, el PLD llegó con buen pie a la presente campaña electoral tras sortear tormentas tropicales, epidemias, conflictos regionales, satanización y pugnas por la candidatura.
La circunstancia de que sus dos rivales más cercanos carezcan del carisma del que da muestras Fernández ha contribuido a incrementar sus posibilidades, reconocidas en los sondeos de opinión, aunque impugnadas por sus rivales.
El mayor señalamiento a su gestión radica en las recientes alzas de precios de la canasta básica, paliados por el mandatario a través del simple expediente de subsidiar algunos productos y negociar la rebaja de otros con los empresarios.
A su creación por Juan Bosch en 1973, el PLD encuentra una sociedad marcada por la muerte del dictador Rafael Leónidas Trujillo, el retorno del trujillismo por otros medios y, sobre todo, una ocupación militar estadounidense.
La represión desatada por el presidente Joaquín Balaguer y el fracaso del movimiento constitucionalista liderado por el coronel Francisco Caamaño, completan el cuadro político quisqueyano que Bosch y sus seguidores proponían cambiar.
La esencia del pensamiento boschista radicaba en la idea de la liberación nacional, un horizonte que a su entender habían perdido los dirigentes del PRD, por él fundado en 1939, en el inicio del apogeo del trujillismo.
"El PLD tendrá o deberá tener las características ideológicas y programáticas de un partido de liberación nacional. Eso quiere decir que el PLD será lo que debió ser y no pudo ser el PRD", sentenció Bosch.
El impulso radical del destacado intelectual se manifestó en la estructura de la organización sobre bases leninistas y su petición a los cuadros que se capacitaran con el estudio de materiales por él elaborados sobre bases marxistas.
Esa radicalización resultó del cuestionamiento de la democracia representativa derivado de la máquina de fraudes montada por Balaguer en los comicios de 1970,74 y 78, descritos por Bosch como “mataderos†.
En círculos políticos locales se debate en qué momento el PLD puso de lado los preceptos que le dieron vida para incorporarse a la corriente que prima en la política quisqueyana.
Entendidos en el tema consideran que esa tendencia tiene su génesis en las elecciones de 1996 cuando el PLD aúna fuerzas con el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) de Balaguer para evitar la victoria de Francisco Peña Gómez, del PRD.
Las crónicas recuerdan que Bosch asistió a la proclamación de esa alianza con 87 años y muy afectado por la enfermedad de Alzheimer.
El PLD ganó los comicios, pero perdería el gobierno en los siguientes a manos de Hipólito Mejías, del PRD, quien terminó su mandato en medio de una crisis que puso al país al borde de la bancarrota económica.
En el gobierno desde 2004, el PLD va a la consulta de mañana apoyado por una coalición de 11 partidos con matices que cubren del centro izquierda a la derecha del espectro político.
La alianza agrupa disidentes del PRD y del PRSC, lo que le ha valido acusaciones de alentar el transfuguismo con promesas de cargos públicos entre los que están seguidores de Bosch y de Balaguer, dos polos ideológicos opuestos.
Una de las grandes interrogantes de los próximos comicios es qué resultados obtendrá el PLD pues la magnitud del apoyo que concite podría imprimir cambios en la composición del escenario político quisqueyano.
Entre esas modificaciones estaría una reforma constitucional que permitiría la reelección del mismo candidato por más de un período, una posibilidad que Fernández ha eludido descartar por completo.
Fernández, la cara más visible del PLD, se graduó con honores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y es defendido a ultranza por sus partidarios que le adjudican virtudes de técnico capaz y visión de estadista.
Para sus enemigos, el mandatario es un hombre implacable, poco inclinado a escuchar consejos y responsable de la excesiva sujeción que muestran hoy día la política y la economía dominicanas respecto a Estados Unidos.
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