También a ayudarnos a descifrar sus secretos y a descubrir lo inesperado y lo opuesto a una realidad que necesita una percepción pura para verla.
El escenario inmediatamente al comienzo nos pinto de Picasso porque las translucen cías Rubén Darío Cruz clareaban su reflejo sobre nosotros envolviéndonos en el lienzo de colores los cuales pasamos a formar parte. Un gran efecto técnico que nos pintarrajeó de gris, azul, rosa, púrpura y amarillos. Y de sobra las cadencias rítmicas flamencas de los músicos Basilio Georges, Jed Miley, Octavio Brunetti y Sean Kupisk jugaron con nuestros corazones obligándolos a escaparse en escalas y acordes disonantes anunciando la presencia del espíritu del creador. Su mundo, sus aventuras y desventuras. La magia del bailador Yloy Ybarra transcribió en sus acompasados pies el insondable sentimiento de los silencios de Picasso oídos solo al apreciar sus pinturas. Su comparsa de bailarines lo rodea de gritos y palmadas flamencas logrando una orgía pintoresca de quejidos del alma y de alegrías pasajeras deformadas por sus fantásticas máscaras y gigantescos pies diseñados por Jane Stein. Este fabuloso cohorte lo actuaron la maravilla de la voz de Aurora Reyes, Erika de Julia, Silvia Siller, Kathy Tejada, Ángela Pérez y Walter Guzmán talentos geniales cada uno en su género. Héctor Luis Rivera reanima a un Picasso jovial y misterioso en sus dichos con una sustancia de niño curioso siempre como fue el Maestro.
El intenso espectáculo se convirtió en un carrusel donde desfilaron los símbolos del significado de la vida y los secretos consejos del autor para ser descubiertos por los privilegiados que encuentran la felicidad de la vida en lo abstracto de lo simple.
La verdad quedó desnuda al convertirnos en arlequines regresando a nuestra feliz niñez. Gracias al vestuario de las versátiles Soledad López y América Barrera bufones y payasos nos acompañaron en este circo de la felicidad del cual nunca debemos abandonar. Esta cátedra no recitó muchas palabras sino de los colores con los que se pinta la naturaleza y nos los brinda a diario. El maestro lo predica en sus obras. No hay muchas palabras porque no hacen falta. Basta la música las efigies de Elizabeth Lipton y los saltimbanquis saltando en una regalía de risas y tristezas reflejando alegrías y penas. Son proverbios que nos guían a la felicidad porque el buen entendedor con pocas palabras entiende. El sonido de Jesús Ortiz acompaño y vistió con precisión cada escena. En fin Picasso habita este paraje de escenario por unas semanas y no deben perder la oportunidad de conocerlo en persona a aquellos que no han tenido esa dicha. Aunque sea por el arte de la magia teatral lo disfrutarán.