Es Francia la madre de la libertad de espíritu que pario otras libertades y otros horizontes, y es una de las principales referencias válidas para hablar de origen y de vanguardia, de artes y de pensamiento en el mundo moderno. Lo es, sobre todo, en el cine, la literatura y la filosofía, habiendo sido la Francia enciclopedista y revolucionaria, el camino a seguir por la América hispana independentista del siglo XIX. Hay que recordar que el Enciclopedismo francés, previo a su gran Revolución de 1789, inspirado por Denis Diderot (1713-1784), Jean D’Alembert (1717-1783), Barón de Montesquieu (1689-1755), y Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) , que dio lugar al genio de Francois René Chateaubriand (1768-1848), planteaba divulgar el saber de su tiempo, con fines de desarrollo social y económico de los seres humanos; erradicar la ignorancia; luchar por la libertad natural del hombre y combatir el feudalismo y absolutismo. Así pues, el Enciclopedismo fue la recopilación de las ideas de la Ilustración. Los nuevos desarrollos técnicos económicos y políticos (la división de los poderes en el gobierno, de Montesquieu, por ejemplo) hicieron que se identificara luego aquella centuria como el Siglo de las Luces. El propio Simón Bolívar (1783-1830), discípulo de uno que como Simón Rodríguez (1769-1854), al igual que Nuestro Juan Pablo Duarte (1813-1876) y Francisco de Miranda (1750-1816), se formaron en la Francia de la época, declaraba que “Moral y Luces son nuestras primeras necesidades”, teniendo el término “luces” el significado general de saber, de educación, de formación integral del ser humano.
Ese posicionamiento de Francia prevaleció durante toda la Edad Moderna y se prolongó en los siguientes siglos XIX y XX, cual lo ha dicho, Amalia Herdt, destacando que las vanguardias artísticas francesas de comienzos del siglo XX, por ejemplo, no sólo ejercieron su gran influencia en las artes plásticas, o la arquitectura, sino también en el cine que surge precisamente en Francia con los hermanos Lumiere (Louis y Auguste) , y en la literatura y la plástica con el Cubismo y el Surrealismo que surgen en aras de nuevas formas de expresión estética y generan fenómenos en América como Vicente Huidobro (1893-1948) y Rubén Darío((1867-1916), cuyas influencias francesas fueron el Surrealismo de Andrés Bretón (1896-1966) y el Parnasianismo de Teófilo Gautier (1811-1872), pasando por el Simbolismo de Charles Baudelaire (1821-1867), Paul Verlaine (1844-1896) Arthur Rimbaud (1854-1891), y Stephane Mallarmé (1842-1898), los llamados “poetas malditos”.
Esa grandeza e influencia sin límites y ni fronteras de Francia, en el caso de la Literatura, comienza desde la misma Edad Media, con la sombra de la Italia grecolatina detrás, con su temprano Renacimiento desde mediados del siglo XV. Tal es así que las otras dos importantes referencias de Europa, como España e Inglaterra, levantaron su tradición literaria copiando a sus vecinos Italia y Francia. Si las corrientes del pensamiento francés, sus leyes y su filosofía, han sido pautas y modelos para el mundo, su literatura ha si escuela. Si Francisco Petrarca (1304-1374) y Giovanni Boccaccio (1313-1375), fueron los paradigmas a seguir en España durante el llamado Siglo de Oro Español, a partir de las traducciones que hace Juan Boscán (1490-1542) de Cortegiano de Castiglione, y el impacto de “Decamerón” con sus manuscritos aparecidos en pleno siglo XV, Guillaume de Machaut (1300-1377) Clement Marot (1496-1544) y Joachin du Bellay (1522-1560) los fueron con más razón para Inglaterra.
A Boccaccio, por ejemplo, con su “Comedia de las ninfas florentinas”, y el “Ninfale fiesolano”, se le considera el padre de la novela pastoril española, casi reencarnadas en “La Diana” (1559), de Jorge de Montemayor (1520-1561); “La Diana Enamorada” (1564), de Gaspar Gil Polo (1544-1585); “La Galatea” (1585), de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), y “La Arcadia” (1598), de Felix Lope de Vega (1562-1635). Algunas como las “Novelas Ejemplares”, de Cervantes, y las “Novelas a Marcia Leonarda”, de Lope de Vega, son obras claramente deudoras del “Decamerón, Mientras que Garcilaso de la Vega Jamás pudo ocultar las acusaciones que se le hacían de haber levantado su obra, la que incluso tituló igual, sobre la de Petrarca. Por un lado Boscán se desvive por Castiglione, y por el otro, Garcilaso, "entre batalla y asalto, entre guerra imperial y querella amorosa, traslada y recompone los mejores versos de la "Rime in vita e Rime in morte de Madonna Laura" , de Petrarca, o del poeta anterior Publio Ovidio Nasón, conocido espercialmente por su Arte amatoria y su metamorfosis.
Pero hay versiones, y por demás, evidencias, de que muchos de los primeros escritores, poetas y narradores que incluso crearon sus obras en el inglés vernáculo, pagaron su noviciado escribiendo en el idioma francés provenzal. Tales fueron los casos de John Cower (1330-1408) y Geoffrey Chaucer (1340-1400).
Chaucer, considerado como uno de los más grandes poetas de Inglaterra, habría hecho sus pininos creativos traduciendo “Le Roman de la rose” y habría encontrado sus primeros modelos en la obra de de Machaut, que además de poeta fue un músico que contribuyó grandemente con la creación de la escuela polifónica de Francia, la escuela conocida como “Misa de Notre-Dame”, que dio lugar más tarde al Ars Nova y la música profana como la Ballata y la Frottola, que tanto contribuirían con el desarrollo de la música popular americana.
“Le Roman de rose”, es un celebrado poema alegórico y didáctico francés, dividido en dos partes, cada una de autores diferentes, atribuyéndose la primera a Guillaume de Lorris (1230-1240) y la segunda a Jean Clopinel Meung (1240-1305). De Chaucer se ha dicho también que imitó a los poetas italianos de su época y anteriores, lo que no le restó mérito para ser considerado luego un gran escritor con una obra como “Cuentos de Canterbury”, que según la crítica universal, contribuyeron a fijar la gramática y la legua inglesas.
El de Geoffrey Chaucer es un caso dual y singular, ya que copió de la literatura de ambos lados. Sus primeros atisbos poéticos fueron imitaciones de la lírica francesa, hasta que viajó a Italia en misión diplomática y conoció las propuestas intelectuales de Dante Alighieri (1265-13210 y de Boccaccio, que le propulsaron a intentar algo similar con la lengua y la literatura inglesas. así, auxiliándose de su conocimiento del francés y el italiano Y tras la traducción del "" Romance de la Rosa", escribió varios singulares poemas como "El libro de la duquesa", "La casa de la fama", o "El parlamento de los pájaros, hasta llegar a su magna creación: los "Cuentos de Canterbury", inspirados en el Decamerón”, de Boccacio. Muy similar a la idea central y las recreaciones de Decameron"", los "Cuentos de Canterbury" relatan, en versos, las peripecias de un grupo de peregrinos que se dirigen a la tumba de Santo Tomás Becket, a los cuales el autor se une y, para contrarrestar las penalidades del viaje, participa con ellos en la narración de historias del más variado jaez y desde las más disímiles perspectivas. Los personajes de Chaucer “, como los de Boccaccio, se desplazan en el paisaje, van cambiando de ámbito en tanto caminan hacia la catedral de Canterbury, detalle que coadyuva a crear el clima de movimiento que el autor inglés enfatiza con el empleo de numerosos géneros literarios (vidas de santos, relatos de amor cortés, cuentos alegóricos, y otras mezclas propias de su cosecha), y que lo convierte en el precursor no sólo de la poesía sino también de la novela y el cuento ingleses, dejando sentir una marcada influencia posterior en Spenser, Willian Shakespeare (1564 –1616), John Dryden (1613-1700), e inclusive hasta en la figura de T. S. Eliot (1888-1965), el gran interlocutor de Ezra Pound (1885-1972) por seducción.
La imitación que a manera de ejercicio espiritual y a través de la traducción hicieron los primeros escritores ingleses de los franceses, ha llevado a decir, que “no se trata tan sólo de que el francés deba ser considerado como una influencia en el desarrollo de la lengua y la literatura inglesas”, sino que “el francés es una parte del inglés, un elemento irreductible de su maquillaje genético”.
Más que copistas como Gower, del que se tienen pocas noticias quizás por la triste reputación que despertó, hubo gente como William Caxton -el mismo que introdujo la imprenta en Inglaterra en 1477- que fue un auténtico y descarado imitador, considerado por demás, “un traductor amateur de obras francesas medievales, y muchos de los primeros libros impresos en Bretaña fueron versiones inglesas de romances y cuentos de caballerías franceses”.
La obra inglesa de mayor popularidad que editó el sello de Caxton, “La Morte d, Arhur” (La muerte de Artús, 1469) de Thomas Malory, opina Paul Auster, “era ella misma un saqueo de las leyendas arturianas de origen francés”. De ahí, que el propio Malory advirtiera al lector no menos de cincuenta y seis veces en el curso de la narración que el libro francés era su guía y su fuente.
Cuando hablamos de leyendas arturianas de origen francés, justo es que se diga que la Bretaña histórica perteneció originalmente a Francia. Lo de arturianas deviene de Artús o Arturo, el legendario jefe galés que animó la resistencia de los celtas a la conquista anglosajona entre los siglos V y VI y cuyas aventuras dieron origen a las novelas del llamado ciclo artúrico, ciclo bretón o materia de Bretaña.
El cine (Séptimo arte) nos ha deleitado muchas veces con varias versiones de esas leyendas, en las que Arturo, ora como el gran héroe, ora como el gran amante traicionado en su amor propio, aparece como el primer Rey de la dinastía de Gales. Es el caso de la cinta de Jerry Zucker. “El primer caballero”, de 1995, en donde Sean Conery hace el papel de Arturo y Richard Gere, interpreta a Lancelot, con quien la esposa del primero, Julia Armond en el papel de Ginebra, le es adúltera.
Amén de ser la primera epopeya inglesa conocida, escrita en prosa, “La muerte de Artús”, es por demás, una imitación de todas las grandes epopeyas que se escribieron en la época y que se continuaron después.
Antes que Thomas Malory, existió Thomas de Inglaterra, el célebre trovador anglonormando del siglo XII, autor de “Tristan”, que contiene el relato de la muerte del héroe “Tristan de Leonis”, extraído también de las leyendas célticas medievales y de las que abundan las versiones, una de la cuales sirvió de tema para la película “Lengends of the fall” o “Leyendas de un pueblo”, en la que el sex-symbol Willian Bradley Pitt, hizo el papel de Tristan. En esta película, producida y dirigida por James Horner, también participa Anthony Hopkins (1937) en uno de los repartos principales.
La tradición francesa como fuente de imitación de los primeros escritores ingleses siguió evolucionando en los siglos posteriores, y por ello encontramos, que cuando el idioma inglés maduró enteramente con una lengua y una literatura, aparecen Sir Thomas Wyatt (1503-1542) y Henry Howard Surrey, (1518-1547), definidos por Auster como dos de las pioneras figuras más brillantes del verso inglés, usando como fuente de inspiración las obras de Clément Marot, (1496-1544), el poeta francés fiel a las formas estróficas medievales del rondel y la balada, las que dejó patentizadas en sus obras de “Elegías, Epigramas y Epístola”s.
Mientras Wyatt había introducido el soneto a la literatura inglesa (el soneto de origen italiano), el conde Surrey, se encargó de introducir el uso del llamado verso blanco, ampliando la labor de Wyatt con la creación de la forma inglesa del soneto, consistente en tres cuartetos y un dístico.
Por otro lado, estaba Edmund Spenser, que en opinión de Auster fue el poeta más grande de la siguiente generación. Spenser, nacido en Londres en 1552 y fallecido 47 años después, no sólo tomó el título de su “Shepheardes Calender”, de Marot, sino que dos secciones de su obra son imitaciones directas de ese mismo poeta. Además de “El calendario del pastor”, que es como se conoce la obra de Spenser, éste escribió la epopeya alegórica “La reina de las hadas”, una imitación con desparpajos de otras obras de la misma época.
Pero hay más. Spenser tenía apenas 17 años de edad cuando se le ocurrió traducir a “The Visión of Bellay” o “Las visiones de Bellay”, del francés Joachim du Bellay, que en esencia y matemáticamente, “constituye la primera serie de sonetos que se produjo en inglés”. Du Bellay había nacido en 1522, 30 años antes que Spenser y cuando muere en París, todavía joven, en 1560, había dejado una importante obra en colaboración con Pierre Ronsard (1524-1585), entre las que se cuentan, además de sus “Visiones…”, “Las ruinas de Roma”, el manifiesto “Defensa e ilustraciones de la lengua francesa”, y su obra poética “Las añoranzas”, cuyos versos han sido mil veces saqueados aquí y allá, como ha ocurrido con todos los grandes vates franceses, incluyendo a Ronsard, que fue poeta de la corte y hostil a la Reforma Religiosa y que con el grupo de “La Pléyade”, se propuso renovar la inspiración y la forma de la poesía francesa hasta lograrlo para provecho de otras lenguas y de generaciones de poetas posteriores, tanto francesas como de ultramar.
Ahí están sus “Odas, su Amores, sus Himnos y su Discursos religiosos” contra Martín Lutero (1483-1546) (*) y sus acorazados protestantes. Sin embargo, hay señalar que Ronsard, como todos los miembros de “La Pléyade”, se inició como imitador de los clásicos, cual lo evidencia su “Francesada” de 1572, una suerte de epopeya nacional que no terminó y que ha sido considerada el preludio de “La Marsellesa”, el himno nacional francés escrito y musicalizado por Claude Rouget de Liste (1760-1826).
El mismo Ronsard reconoció en su momento, que su modelo había sido Píndaro (*) que dejó para la posteridad sus “Epinicios” o “Cantos de las Palestras Deportivas”, divididos en “Nemeas olímpicas, Píticas e Istmicas”, que eran el nombre de los concursos de los juegos que se celebraban en Grecia. Sus cantos, de carácter lírico coral, eran odas dedicadas a los triunfadores de esos juegos. Como honesto imitador de los clásicos líricos, entre los que también se destacaba Simónedes de Ceos (556-467) famoso por sus ”Epitafios”, Ronsard y su grupo de “La Pléyade”, al estilo Dubén Darío y sus modernistas en América, se propusieron y lograron renovar la poesía lírica al estilo clásico, huellas que aparecen en sus “Sonetos a Casandra”, a María y Elena”, que en esencia son himnos al amor y la belleza.
Se sabe también que “Las ruinas de Roma”, fue traducida por el mismo Spenser y publicada en 1591, sin embargo -agrega Auster- Spenser no es el único que ostenta la huella del francés, ya que casi todos los sonetistas isabelinos se apoyaron en los poetas de “La Pléyade” que encabezó Ronsard, y alguno de ellos, como Daniel, Lodge(*) (1558-1625) y George Chapman (1559-1634) fueron tan lejos que hicieron pasar traducciones de poetas franceses como si se tratara de su propia creación.
Así tenemos también “que fuera del reino de la poesía, el impacto de la traducción de “Florio de los Ensayos”, de Michel Eyquen de Montaigne (1533-1592) sobre William Shakespeare ha sido motivo de una buena documentación, y se obtendría otro beneficio si se esclareciera la relación que liga a Francois Rabelais (Alcofibras Nasier, 1494-1553) con Thomas Nashe (1567-1601), cuyo poema en prosa de 1594, “The Unfortunate Traveler” o “El viajero infortunado”, es considerado en general como la primera novela escrita en lengua inglesa”.
Montaigne, cuyo nombre le viene del castillo del mismo nombre en Francia, fue un perfeccionista del género del ensayo, cuya obra -en la que propugnó por un equilibrio moral basado en la prudencia y la tolerancia- trabajó y enriqueció hasta su muerte en 1592, en Perigord, donde había nacido en 1533.
Como a Gustave Flaubert (1821-1880) en la novela realista, a Montaigne se le considera un perfeccionista y el padre del ensayo, algo así como una de las escuelitas usadas cuasi como acuarela por muchos de los ensayistas de ayer y de hoy que se destacan por todo el mundo. Nashe (1567-1601) como pionero de Emile de Giraldin (1802-1881) en Francia a partir de 1836, fue autor de libelos en Inglaterra y de hojas volanteras que se convirtieron en un terror de reputaciones en su época, antes de dar a conocer su plagio de novela ya citado, que luego, detectada ya la copia y como una forma de camuflarla, fue publicada con el llamativo título de “La vida de Jack Wilton”.
Rebelais, el francés plagiado por Nashe, fue un políglota, religioso y aventurero escritor que sabía jugar con el lenguaje como un pez en el agua, moviéndose con fuerza y con destreza entre lo clásico y lo popular. Su obra, donde sobresalen sus dos novelas entrelazadas “Los horribles y espantosos hechos y Proezas del muy famoso Pantagruel, rey de los dípsodas”, amén de su “Gargantúa”, hablan por sí solas.
Y aquí caben sendas aclaraciones:
1) Primero, que el Daniel del que nos habla Auster, en su libro “Los Poemas y los días”, y que en castellano se pronuncia con acento en la a, es de origen inglés, y no sabemos si lo de isabelino le viene porque existió en la época de la reina Isabel I de Inglaterra (1533-1603), o por los movimientos creativos que existieron durante los períodos isabelinos en Europa, en medio de los cuales sólo los españoles, llámese Isabel la Católica del siglo XV, con su modalidad de gótico tardío, o llámese Isabel II del siglo XIX, con su tendencia en la decoración de clara influencia napoleónica, registraron variedad de estilos artísticos. El otro Daniel, no el llamado profeta mayor de la Biblia que en castellano se pronuncia con énfasis en la e, ni John Frederic Daniel (1790-1845) el célebre físico británico que inventó la pila eléctrica, del siglo XIX, sino Arnaut Daniel (*) (mediados del s. XII-?, después de 1200) fue aquel legendario trovador provenzal de Ribérac Dordoña, del siglo XII, representante de la lírica hermética juglaresca, a quien se le atribuye la creación de la sextina, y del que diría Dante Alighieri (1265-1321) que era el más grande poeta en lengua romance que había conocido, capaz de ser elogiado e incluso imitado por Petrarca y March. De Dante, el también creador de “Las mil y una noches”, ya hemos hablado. Ausiás March (1397-1459) fue un poeta valenciano de los siglos XIV y XV, que además de imitar a los trovadores fue influido por el “dolce stil novo”, siendo sus dos principales obras “Cantos de muerte” y “Canto espiritual”. Y el gran Francesco Petrarca, nacido en Arqua, en 1304 y muerto en Papua, en 1374, fue un explorador de manuscritos y de todo lo que con relativo valor fue escrito antes de él, para devorarlo. Se le reconoce como el primero de los grandes humanistas del Renacimiento, historiador y arqueólogo, que debe su fama, sobre todo, a sus poemas en toscano, “Los sonetos de las Rimas y de los Triunfos” creados en honor de Laura de Noves (1308-1348) y reunidos en “Cancioneros” de 1470.
2) Segundo, que cuando hablamos de “Pléyade”, término que en plural deviene de la mitología griega para referirse a las siete hijas de Atlas que Zeus -convirtiéndolas en estrellas- protegió ante la persecución de Orión (*) hay que precisar que históricamente existieron dos grupos con ese nombre. La primera “Pléyade” existió precisamente en Grecia, en la Alejandría de los Tolomeos, en el siglo III, antes de Cristo, compuesta por los poetas Licofrón de Calcis, (*) Alejandro el Etolio, Fislico de Corcira, Sosífanes de Siracusa, Homero de Bizancio, Sositeo de Alejandría y Dionisíade de Tarso. La segunda “Pléyade” se destacó en Francia durante el Renacimiento, y la integraron además de Ronsard y Du Bellay, Rémi Belleau (158-1577), Ponthus de Thyard (1521-1605), Étienne Jodelle (1532-1573), Jean Antoine de Baif (1532-1589), Pontus de Tyard y Peletier du Mans (1517-1582) que a su muerte fue sustituido por Jean Dorat (1508-1588) Aquel era um grupo de elite a la altura del grupo latino compueto por Anacreonte(*) Teócrito (*)) Virgílio, Horácio y Petrarca. Se puede decir que“La Pléyade” francesa estaba inspirada en Carlos de Orleáns (1394-1465), el poeta nacido en París y muerto en Amboise, conocido por su vida azarosa más que po sus versos que figuran entre los mejores de la poesía mediaval francesa. Se dice que su padre Luis de Orleáns, duque de Orleáns (1372-1407), quien era hijo de Carlos V, murió asesinado de manos de un tal Juan sin Miedo (1374-1419) a quien se le endosaba el ducado de Borgoña. El mismo Carlos cayó prsionero en Azincourt, permaneciendo 25 años cautivo en Inglaterra, de donde no bien fue liberado, conquistó una condesa, María de Cléves, de cuya corte hizo un importante centro literario. Escribió “baladas y rondeles”, que sirvieron de modelo a los miembros de “La Pléyade”.