En cuanto al domicilio de las sociedades extranjeras, cualesquiera que fuere sus estatutos y el lugar en que lo hubieren fijado, o en tuvieren su principal establecimiento, etc., etc.,..Reservamos este principio de orden publico en la República Dominicana cualquier persona física o moral que ejerza actos de la vida jurídica en su territorio, tendrá por domicilio el lugar donde tenga un establecimiento, una agencia o un representante cualquiera. Este domicilio es atributivo de jurisdicción para los tribunales nacionales en aquellas relaciones jurídicas que se refieren a actos intervenidos en el país cualquiera fuere la naturaleza de ellos.
Este planteamiento, es conocido en materia de Domicilio como doctrina dominicana, muchos otros países, a partir de la esa Sexta Conferencia, comenzaron a adoptar esa posición, que ha quedado plasmada en las escuelas de Derecho, como un planteamiento doctrinario dominicano, constituyendo un gran aporte al desarrollo de las normativas jurídicas-comerciales-internacionales hasta la fecha.
Un Estado, pequeño o grande, puede en el ámbito internacional, establecer principios en el ejercicio de sus relaciones, y obviamente ese país, obtendrá respeto y consideración como miembro de la comunidad internacional. Esos principios conformaran la base doctrinaria en la que descasara el accionar de la política exterior que practicara dicho Estado, ya que ese conjunto de principios, teorías, conducta, establecerán el perfil de una doctrina, la cual será reconocida en la medida ese Estado, aplique con coherencia, y sistemáticamente dichos principios.
Una doctrina se establece, no solo por la extensión de los tomos que se escriban sobre ella, sino por la calidad de juicio y la efectividad del planteamiento que se enarbole, y es reconocida por los resultados a corto y largo plazos en que se apliquen
Hago este preámbulo, para referirme a los planteamientos efectuado por el Jefe del Estado, Dr. Leonel Fernandez Reyna, en la recién concluida XX Cumbre del Grupo de Rio, concluida el 7 de Marzo 2008, en la cual se presentó la oportunidad para que el Estado Dominicano, dejara establecido de manera extraordinaria su vocación de Paz y Conciliación, como elementos básico de las relaciones internacionales. El papel desarrollado por la República Dominicana en ocasión de esta XX Cumbre del Grupo de Rio, ha marcado un sano precedente para definir la política exterior del Estado. El ambiente pre-bélico en que se inicio dicho evento, cuya agenda original no contemplaba un desarrollo tan dinámico. Y en momentos casi dramáticos, impulsaron a los actores dominicanos, a forzar el entorno, para provocar un encuentro multilateral entre los Jefes de Estados presentes, que liquidaran los tambores de guerra, y se abrieran nuevos espacios de conversaciones para permitir que la razón y el buen juicio retornaran al ánimo de las partes. Ese poner de acuerdo a las partes, para obtener acuerdos comunes, es la esencia de la buena voluntad del anfitrión dominicano.
La Conciliación Internacional es un imperativo en el escenario regional, cargado de potenciales conflictos bélicos, sobre todo cuando los organismos internacionales parecen no influir en las relaciones multilaterales. La Conciliación internacional como doctrina no solo requiere ser enunciada, sino debe ser teóricamente elaborada y operativamente desarrollada.
La Conciliación Internacional demanda de una revalorización del día a día en el trabajo estratégico de la cancillería dominicana, ya que nuestros diplomáticos deben de tener un dominio completo en todos los aspectos susceptibles de debates.
Durante la XX Cumbre del Grupo de Rio, el Jefe del Estado declaro:
El antecedente histórico del Grupo de Río es el Grupo de Contadora, entonces formado por México, Colombia, Venezuela y Panamá, que medió con éxito en el Proceso de Paz de Centroamérica. El reforzamiento de ese grupo con el apoyo de Argentina, Brasil, Perú y Uruguay, creó una lógica solidaria que condujo a la formación de nuestro Grupo.
Las deplorables circunstancias que han conducido a la crisis y las actuales tensiones entre Ecuador y Colombia deben comprometernos a mantenernos fieles a ese histórico legado, y hacer que el Grupo de Río sirva frente a Ecuador y Colombia a los elevados principios que nos obligan a hacer cuantos esfuerzos sean necesarios para mantener a nuestro Continente como una región de paz y solidaridad.
Las preocupaciones que todos hemos tenido ante los eventos del pasado primero de marzo deben ser transmutadas en acciones que procuren la reiteración de nuestras obligaciones con los principios fundamentales del Derecho Internacional contenidos en las Cartas de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos. Y que se orienten a la reducción de las tensiones, a evitar la extensión de la crisis a otras esferas y a propiciar la búsqueda de una solución propia a este conflicto.
Debemos ser capaces de dialogar con serenidad sobre nuestros problemas. En un momento u otro de la historia común de nuestra región, nuestras naciones han estado juntas, han actuado de común acuerdo como aliadas y como hermanas solidarias. Debemos encontrar, en medio del calor de la crisis, suficiente serenidad y sinceridad para conversar sobre ella y resolverla de manera que no se quiebre nuestra unidad.
Ese debe ser el espíritu dominante en nuestras deliberaciones.
Estas palabras expresadas al inicio de las deliberaciones marcarían el esfuerzo personal del Presidente de la República, en impulsar un acuerdo entre las partes, que dejaría sepultada el hacha de la Guerra, y forzaría un paso para iniciar un nuevo ambiente de dialogo y conversaciones a corto plazo, que abrirían la senda para una solución estratégica de las diferencias serias y ´profundas abiertas por francas violaciones a las normas del Derecho Internacional, cometida por uno de los invitados a este conclave.
Igualmente y para dejar en claro, la intención dominicana el Dr. Leonel Fernandez expreso:
Antes que nada, quiero expresar mi aspiración de que nuestras reflexiones tengan como base la necesidad de reforzar los valores democráticos y los principios de la cooperación, la solidaridad, la integración, el respeto a los Derechos Humanos, el desarrollo sostenible, la paz y la seguridad.
Nunca se dijo tanto en tan poco tiempo, ni nunca una breve intervención tendría una profunda incidencia en los acontecimientos posteriores. Los resultados, no se hicieron esperar, los debates indicaban el nivel de franqueza de los Presidentes expositores, quienes expresarían sus puntos de vista con dignidad y transparencia, no había espacio para poses, las circunstancias demandaban actuar en consecuencia
Y concluyó sus palabras, con un llamado que solo lo entenderíamos, al final del evento en los acuerdos finales adoptados por los Jefes de Estado y de Gobierno presentes.
Con determinación expreso:
Permítanme una reflexión adicional.
Presentar los problemas que aquejan a nuestros países, no puede llevarnos jamás a la desesperanza.
Analizar y reflexionar sobre los problemas debe fortalecernos, debe colocarnos en la vía para la búsqueda de soluciones, y debe comprometernos con el trabajo tesonero.
Un gran artista argentino hace unos años escribió una canción muy hermosa, de la que quiero hacer mención. Dice Fito Páez: "¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón... no será tan fácil... uniré las puntas en un mismo lazo... Y hablo de países y de esperanzas. Y hablo por la vida... Y hablo de cambiar nuestra casa... ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón".
Señores Jefes de Estado y de Gobierno: ofrezcamos aquí nuestros corazones, nuestra devoción, nuestra vocación de patria, nuestro compromiso en la conducción de nuestras naciones hacia un ambiente de paz y de seguridad.
Se podría decir que aquí quedaban los lineamientos centrales, de una doctrina de Conciliación Internacional que marcaría un firme camino para obtener la Paz y la sana colaboración internacional, para que sirvan de plataforma para un Desarrollo Sostenido.
Y que deberían inicial el laborantismo diplomático para su implementación.
Sí al inicio del Siglo veinte logramos insertar en el escenario internacional una doctrina, con las certeras reservas invocadas en la adopción del Código de Bustamante, la cual ha perdurado a través del tiempo, ahora en los albores del siglo veinte y uno, nos atrevemos a decir:
Algunos hombres ven las cosas como son y dicen: ¿por qué? Yo sueño cosas que nunca fueron y digo: ¿por qué no?