El funcionario explicó que las mujeres sobreviven en suelo tico como esclavas sexuales hasta devolverle a los tratantes el dinero prestado para boletos aéreos, gastos de abogado y adquisición de maridos costarricenses.
Maestras, universitarias, operarias e incluso una mujer policía forman la lista de las que llegaron a empeñar sus viviendas para obtener el préstamo por montos aún sin precisar, refleja el Boletín de la Alianza por sus Derechos.
Algunas lo hicieron conscientes de la actividad a la que venían, pero otras llegaron engañadas y por sus deudas después no pudieron negarse, admitió Zamora.
La red de traficantes en cuestión fue detectada en noviembre de 2007 durante un operativo migratorio desplegado en la localidad de Jacó, en Garabito, provincia de Puntarenas.
De las 60 dominicanas detectadas en esa ocasión, 58 estaban casadas con ticos, pero ninguna conocía el paradero de sus cónyuges oficiales.
Las autoridades identificaron a tres dominicanos -naturalizados costarricenses– como cabecillas de la organización: un dueño de locales en San José, un músico especialista en bachatas y una mujer.
Según las autoridades de este país, la red tramitaba visas para estilistas y cantantes en los inicios, pero cambió la estrategia por concertar matrimonios ante las posibilidades de rechazo.
Nicaragua es utilizado por lo traficantes de personas como puerto de entrada a Centroamérica, según Zamora.
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