Ocurre que Dios siempre ha estado presente: ahí donde todos podamos percibirlo, o allí para que lo busquemos no sólo cuando las vicisitudes nos acorralen; allá cuando nos distanciemos de su bondad para que limpie nuestras vanidades; aquí junto a las carencias humanas de siempre para que rectifiquemos, sepultando el inmediatismo, el superego y el endiosamiento terrenal que nos atrofian la memoria hasta olvidar que todos iremos con nuestras osamentas a un ataúd, glamoroso o andrajoso, para ser devorados por gusanos y finalizaremos como un fecal tributo a la tierra. Dios es eterno, nosotros no.
De un tiempo a esta parte hemos visto a muchas figuras de la música popular y la comunicación social dominicana encaminando sus pasos a buscar aquella paz espiritual que sólo encuentran en Jehová los cristianos de corazón. Lamento que nuestros políticos no sigan ese mismo sendero de luz para que ahorren muchos problemas a la nación.
Las sacudidas que la vida le ha dado ya por enfermedades o adicciones, incluso la reflexión ante ciertos desenfrenos y trivialidades, cuando parece que todo está perdido y no hay salida hacen voltear la mirada hacia Jehová. No obstante, podría interpretarse que muchos corren despavoridos a los brazos del Señor precisamente sólo porque huyen a su propia realidad o temen a lo que sea, algunos por verdadera fe y otros porque sienten un enorme vacío en sus vidas. Quién sabe. Total, no somos Dios para juzgar a nadie.
¿No conoce usted algún caso de los que se convierten por un real arrepentimiento de sus pecados, unas veces nimiedades y otras por faltas flagrantes? Estoy seguro que sí, pero lo importante es que tales personas se acercan a Dios y en la inmensa mayoría de las ocasiones logran un cambio conductual favorable.
¿Y qué decir de aquel antisocial que pululaba como el azote del barrio, el “hiedevivo” al que la parte decente de la vecindad repelía con justificada razón, pero que luego asimilaba con total naturalidad el asombroso giro de éste, gracias al feligrés enardecido, al predicador de ocasión o al reverendo de profesión que lo condujo al evangelio?
En lo personal, dejo claro que creo firmemente en Dios y con Él mantengo una comunicación algo peculiar, pero sí muy sincera. No acudo a Jehová exclusivamente cuando me está llevando Belzebú, si no que mi gratitud la expreso en los momentos en que mejor me salen las cosas, ya que nada ocurre por casualidad y siempre hay que contar con la bendición divina.
Por eso esquivo las prédicas seudocristianas de comprobados perversos, calumniadores, corruptos, sembradores de falacias, individuos de mentes venenosas, aves de rapiña y de mal agüero, que son mejores representantes del demonio que genuinos misioneros del evangelio. Con sobrada razón se dice que hay cristianos y cretinos.
Deprime cuando falsos profetas pretenden camuflarse para agazapar sus ponzoñosas intenciones mientras adormecen a los demás con su cinismo y argumentos tan sórdidos como impostores, naufragando su fanatismo en arengas convencionales y empalagosas. Dios cuando nos conviene, pero sólo para llevarlo en la boca, nunca en el corazón.
Ahora bien, cuando se trata de personas que profesan y respetan celosamente la palabra y actúan con admirable honestidad, amor al prójimo y ejemplar humildad, entonces recaban el reconocimiento de todos nosotros, aunque sin perder de vista que pueden burlar nuestra confianza, pero jamás podrán engañar al Creador. Con Dios no se juega.
Recuerdo que a mediados de la década de los años 70, los populares artistas de raíces boricuas Ricardo Ray & Bobby Cruz se convirtieron en pentecostales y aquello resultó tan chocante para los salseros que no pocos presagiaron que dicha conversión sería efímera. El tiempo se ha encargado de demostrar lo contrario y más que mantenerse como hermanos en la fe ambos han forjado un ministerio tan sólido como la música que interpretan. Hasta hoy se han mantenido firmes en sus convicciones.
Para entonces se sucedieron los casos de las cubanas Blanca Rosa Gil y La Lupe (epd), el venezolano José Luis Rodríguez (El Puma), el brasileño Nelson Ned, los puertorriqueños Alex D’Castro, José Medina e Ismael Miranda y el colombiano Charlie Cardona. Eso, sin abundar en los del catolicismo, que también son cristianos, como Roberto Carlos. No es mi deseo cuestionar la fe de tales artistas, pues D’Castro, Medina y Cardona han probado que son cristianos de corazón, incluso el primero de ellos pastorea una iglesia pentecostal en su país y el segundo desbarató su orquesta merenguera para congregarse y dedicarse a cantarle al Señor.
Joe Nicolás fue uno de los primeros artistas dominicanos de nuestra generación que abrazaron el evangelio, al igual que otro gran bajista conocido por el mote de Barco Viejo, y tras ellos siguieron Ramón Orlando Valoy, María Cordero, Ramón Leonardo, Jocelyn Quezada y Felipe Polanco.
Eso sí, fue a partir de la conversión de Juan Luis Guerra cuando se desató un inusitado entusiasmo cristiano entre nuestros artistas, entre tales Frank Ceara, Miriam Cruz, Adalgisa Pantaleón, Claudia Sierra, Jandy Féliz, Katia Rodríguez, Carolina Hernández e Isidro Bobadilla, cuyo fervor, que no persigo cuestionar, se activa en similares predios.
De igual modo, Rando Camasta congrega figuras como Gerardo Díaz (El Toro) y diseminados en varias iglesias y grupos de oración hallamos a Freddy Beras Goico, Tania Báez, Melissa Guzmán, Carlos Alfredo Fatule, Palmer Hernández, Sandy Reyes, Fernando Villalona, Jossie Estéban, Jary Ramírez,Yoskar Sarante… Entregaron su corazón a Jesucristo y eso de por sí es una noticia grandiosa que merece nuestro respeto. De corazón aplaudo esa decisión y felicito a cada uno porque sé que se tornan mejores seres humanos.
Es hermoso ser cristiano y maravilloso decirle a Jehová que sí, que queremos librarnos de todo lo pecaminoso que hay en el mundo, pero siempre considerando que lo más urgente, incluso por encima de su difusión, es que se preserven los valores del cristianismo ya que a final de cuentas la fe de los que deberían ser convencidos y rescatados del pecado podría resquebrajarse si se diluyera la confianza.
Hay que aclarar lo siguiente: Dios no está en una iglesia, Él se aloja en el corazón de quienes lo aceptan como su guía. Por tanto, hay que despejar cualquier duda e impregnar en la mente de todos que Dios no es un negocio personal y mucho menos un refugio para enfriarnos ante el escrutinio público.
Mi madre, tal como hizo mi abuela materna (epd), y varios de mis hermanos profesan el evangelio pentecostal. Siempre me predican para que me congregue y les digo, con total sinceridad, que el día que me vean predicando con una biblia en las manos será por haber abierto mi corazón a Jehová como debe ser, definitivamente, por encima de las tentaciones mundanas y con la mayor honestidad. Mejor un pecador que un impostor. Mientras, seguiré mi peculiar comunicación con el Señor y reconociendo con humildad que Dios no está de moda, que Él es imperecedero, nosotros no.