Aristóteles también sostenía que la virtud (intelecto y voluntad) era lo que le permitía al hombre superar su irracionalidad, señalando que “cuando está privado de ella, el hombre es el más impío y salvaje de los animales, y el peor en cuanto a los placeres eróticos y la gula”.
Eso creía el considerado primer príncipe de la filosofía griega por haber sido en línea directa discípulo y a la vez crítico aventajado de Platón y Sócrates, quienes sostenían que la esencia es lo que define al ser, premisa que refrendó casi dos mil años después Santo Tomás de Aquino, quien agregó poca cosa con relación a Aristóteles, salvo la condición social.
“Ver para creer”, diría el primer propositor clásico de la teología natural y padre de la Escuela Tomista de filosofía, ya que ahora tenemos, que en el caso de nuestra selva política, además del hombre, el perro es también un animal político, de acuerdo a la teoría del director del Departamento Electoral del PLD, Franklin Almeyda Rancier.
Cuando Almeyda habla de realengos, viralatas y hueveros, es porque entiende, aunque no lo explique, que en el país existen otras clases sociales de perros, además de las conocidas razas. Al igual que los seres humanos y siempre conforme al secretario de Interior y Policía, los perros son políticos, son de diferentes razas y están divididos en clases sociales, sin olvidar de que el perro es el mejor amigo del hombre y comparte con éste el 75% del código genético conforme la biologia.
Si partimos de esa novísima teoría y de la realidad de nuestras calles, entonces tendríamos que aceptar que perros realengos, viralatas y hueveros, los hay en todas las razas. Significa que el animal canino padece los mismos rigores sociales (desigualdad, discriminación, pobreza, hambre, etc.) que su otro animal político: el hombre, cuyos orígenes sociales tendríamos que buscar entonces en los célebres discursos del otro filósofo posterior a los ya citados: Jean-Jacques Rousseau, autor del Emilio y quien dijo que el niño nace bueno y la sociedad lo daña.
Hay que aclarar, sin embargo, que hipotéticamente Franklin Almeyda no ha hecho la clasificación por razas sino por niveles sociales, no entendiéndose cómo llama realengos, viralatas y hueveros a personas que son hoy primerísimas figuras públicas y gente de clase adinerada. Siempre de acuerdo a una interpretación de esa teoría, ¿cuáles serían entonces las otras clases? ¿O es que Franklin las establece por origen, vida, trayectoria, asociación, manera de hablar, aspecto físico, fisuras, tachas, etc., y no por el lugar que ocupan en las relaciones económicas?
Se creía que sólo gente pobre, muy pobre, pequeños burgueses, lúmpenes proletarios, chiriperos, recoge botellas, buhoneros, carretilleros, limosneros, pordioseros, buzos de vertederos y bohemios hediondos a tabaco de los que amanecen borrachos tirados en las aceras, podía incluirse en esa categoría de indigencia social o capas sociales bajas, muy bajas, como las clasificara el profesor Juan Bosch.
Lo cierto es que la clasificación que hace Almeyda, desdice mucho de la sociología boschista de la que él es un devoto discípulo. Fue Bosch quien habló de tutumpotes, hijos de machepa y Chacumbele el personaje cubano que él mismo se mató, para darse a entender en términos políticos desde su llegada del exilio,mientras el principal contrincante suyo, se puso a hablar de entraña y de ética, cosas que los campesinos del Cibao, acostumbrados a beber leche, comer tajo y botar los rastrojos, no para los perros sino para las rapiñas, confundieron con mondongos, enfermedades y con mosquera.
Por nuestras calles, en calidad de realengos y viralatas, hay perros de todas las clases, incluyendo híbridos de podencos y lebreles, lobos y chacales, amarillos, negros, grifos, pintorros, gigantes, grandes, pequeños, medianos, enanos, y hasta de lengua azul, que es un perro originalmente de posesión divina, que por toda la porquería que lamen y la contaminación ambiental que los asedia, ya la habrán de tener podrida y profanada.
Lo que no vamos a encontrar en las calles son perros robustos, blancos, gordos y colorados por el hambre que pasan viviendo apenas de piltrafa, pupú y desperdicio sólido descompuestos. ¿Es el perro viralatas, realengo y huevero, la raza canina criolla? Habría que preguntárselo a Pin Montás, que después que se retiró de la vida política pública, en la que se destacó como el pionero de la letrina lingüística, se ha dedicado a la crianza de una modalidad de perros en la zona de Monte Plata, que si bien no son reconocidos por ninguna de las entidades internacionales dedicadas a hacer la clasificación, pueda de que en cualquier momento aparezcan hablando por radio y televisión, u ofreciendo entrevistas a los periódicos.
Eso tampoco sería extraño en un país donde un reconocido periodista muy ilustrado le dice “culo cagao” y “come mierda” a un interactivo que le contradice, y otro oyente muy avezado, replica diciendo cosas peores contra ese mismo comunicador. Como van las cosas pronto tendremos a perros políticos actuando como programeros e interactivos en los medios electrónicos y no habrá manera de controlarlos.
¡Cosas veredes, Sancho!, diría el caballero de la triste figura a su escudero.
Lo que llama la atención no es el contenido de lo que Hugo Tolentino define como “estilo congénito”, “impactante parlería” e “inteligente calambur” de Almeyda, sino la novedad del descubrimiento de biopolítica y filogenética, que habrá de haber trascendido incluso en la American Kennel Club (AKC) de Estados Unidos y la Federación Cynologique Internationale (FCI), con su sede en Bélgica que por una de esas ironías de la geopolítica, es la que reconoce la crianza canina de América Latina y el Caribe.
Quizás por ello y por la abundancia de perros en el hemisferio es que la FCI reconoce más de 350 razas caninas en el mundo, con una diferencia abismal de 200 clasificaciones con relación a la AKC, que sólo reconoce 150. Almeyda también nos habló de un perro cimarrón, al igual que uno parecido en Uruguay y el Vulcano de México, país que cuenta con su propia entidad como lo es la Federación Canófila Mexicana (AC), la única que podría reconocer la producción dominicana por su cercanía cultural, en particular lingüística, que fue el primer elemento levantado por Aristóteles para endosar la condición política al animal hombre.
Hasta ahora las razas de perros más conocidas en el país son el Pitbull, el Pastor Alemán, el Bulldog, el Schnauzer y el Chihuahua, los tres últimos por tener clasificaciones numéricas de tamaños y hasta gentilicias. Pit Bull es un término comúnmente utilizado para describir varios tipos de perros con características físicas similares de origen anglosajón, cuyos cachorros son usados actualmente en Estados Unidos para peleas brutales clandestinas. Su uso es a menudo vago y rara vez descriptivo de determinadas razas, siendo el American Pit Bull Terrier y el Staffordshire Pit Bull Terrier, dos de sus variaciones más conocidas.
El Schnauzer es una raza de perro alemana cuyo nombre proviene de la palabra que se usa para designar al "hocico", debido a la característica nariz peluda que distingue a esta casta de perros. Los clubes caninos generalmente subdividen este tipo de perro en función de su tamaño en tres razas: Schnauzer miniatura, Schnauzer estándar y Schnauzer gigante. De ellos se sabe que muerden y ladran, pero que ninguno articula palabras.
Sobre el Chihuahua y en contradicción con la teoría de Hugo Tolentino (quien será muy bueno en cuestiones haitianas, pero profano en materia de producción canina), se sabe que existía en América, en la zona de México (Nueva España) antes del Descubrimiento, lo que llamó la curiosidad de los colonizadores por el tamaño, mientras que una especie encontrada en el Perú, llamado Viringo, impresionó por la falta de pelo y la forma incaica de ladrar y morder, a tal punto que puso en ascuas al carnicero de Pizarro y sus Trece de la Fama.
A la llegada de Colón, a los perros nativos se le dio el mismo trato que al hombre indígena, por su manera bárbara en el hablar y ladrar, menos refinada de la forma calambur que es una figura retórica que consiste en agrupar las sílabas de una o varias palabras de modo que varíe su significado, como en el acertijo aquel
blanca por dentro,
verde por fuera,
si quieres que te lo diga,
espera.
Por cuestiones del romance y el tiple, heredados desde la cuna, los españoles era expertos calambures, y desde el segundo viaje (1493) no sólo nos trajeron los primeros negros (ladinos), directamente de España, sino también sus perros de guerra amaestrados herencia de los siete siglo de lucha contra los invasores musulmanes, no para enfrentarlos con los pequeños y frágiles perros indígenas que ya existían y nada podían hacer contra los canes europeos entrenados para matar, sino como perros de presa para cazar a seres humanos que como los Tainos, por ejemplo, eran muy indulgentes y por andar casi desnudo, con taparrabos mosntrando su carne y barriga panzuda, se hacían más atractivos a los sabuesos canes lebreles de origen afgano e iirakí, brutales, inhumanos, casi caníbales por su parecido al hombre cual Osama Bin Laden.
Pero tal como ocurrió con la especie humana, se produjo el mestizaje entre canes, y hoy tenemos perros a montones que no saben a cuál raza pero sí a qué clase social pertenecen, entre ellos, el realengo, el viralatas, el huevero y el cimarrón, que si bien se destacan primero por su condición de indigencia social, racialmente llevan sangre del Bulldog en sus venas, incluso del Bulldog francés, tan popular en Europa, que en España fue creado el Club Español de Amigos del Bulldog Francés.
También, (y eso puede comprobarse andando por nuestros barrios), hay mezcla del gigantón San Bernardo, del Mastín Español, el Leonberger parecido a un león y el Dogo Alemán, llamado también Gran Danés. Grandes de entre 25 a 50 kgs como el Alaskan Manlamute, el Chesapeake Bay Retriever, el Bóxer, Bobtail o Viejo Pastor Inglés, el Foxhound Inglés, el Golden Retriever, el Labrador Retriever y el Pastor Alemán, muy conocido en República Dominicana porque si bien sirve de perro guardián en muchas villas veraniegas y residencias suntuosas, por igual se le ve por nuestras calles como cualquier viralata compartinedo hambre, precariedad y abandono.
Por otro lado se sabe que al igual que los hombres, los perros se caracterizan por sus rostros, narices, ojos, orejas y forma de comer, siendo estos los gigantones y grandes los más glotones, aunque no así lo más saludables ni de fino olfato como resulta ser el Chihuahua, que si bien no sirve para hamburguesa, chuleta, jamón y salami, sí para controlar el asma en los niños en crecimiento.
Algunos son capaces de detectar ataques de epilepsia en humanos antes de que se produzcan. Se desconoce como lo hacen aunque los estudios realizados apuntan a que el perro podría interpretar señales olfativas en el enfermo. Pero los hay (y creo que son la mayoría) que se lamen su virilidad y se huelen su propio trasero, cosa que no los diferencia de los propios humanos ( en este caso la minoría) que teniendo sus orejas gachas y narices de cerdas actúan como los Corsinas
que se fueron a vivir al pueblo,
cuando vieron que Moquita,
ya le quedaba chiquita,
para tirarse sus pedos.
Lo que habría que hacer ahora, es ampliar el trabajo de investigación de Franklin Almeyda, para determinar las otras clases y capas sociales de perros existentes en el país, sus elementos de encantamiento, sus tamaños, su condición de mascotas o de sabuesos, y si sólo habitan en el mundo de los políticos. No habrá de dudarse que existan perros mezclados con castas caninas, de aquellos traídos durante la conquista de América, que hoy sufran de la misma condición, que algunos descendientes del Barón del Atalaya y de la misma realeza española, que actualmente en territorio dominicano, fruto de esa deuda social acumulada
creada por la clase política,
viven hoy en covachas,
agujereados por las chinchas
y compartiendo con las cucarachas.
Esto lo decimos porque tampoco aceptamos la teoría de Tolentino de que todos los dominicanos, por la condición del mestizaje, pertenecemos a la misma clase de perros realengos y viralatas.
Eso significa que para él, socialmente no hay diferencia de clase entre los dos tipos de animales políticos dominicanos, según se desprende de la teoría de Franklin Almeyda; el hombre y el perro, lo que podría hacer que en cualquier momento se complique la situación con la entrada en el debate de Narciso Isa Conde, no se sabe, si oponiéndose a la hipótesis del llamado cerebro gris peledeísta, o asumiendo la de Tolentino que parece estar más cerca de la que profesan los comunistas del patio.
Narciso podría incluso sorprender con su propia teoría, que mucha falta le hace a la torcida izquierda dominicana, en donde no faltará de seguro, el perro avaro, el perro usurero, el perro corrupto, el perro narcotraficante y otras modalidades de perros feos, fétidos, lingüísticos y políticos, que como parte de la división de clases y la desigualdad social, abundan en nuestro folklórico país político.
Ojalá que a Narciso,
que por mirarse tanto en el espejo,
es con frecuencia olvidadizo
no se le escape mencionanar al traidor perro.
¿A propósito, a qué clase social pertenece la perra de Mamá Belica?
"Cuenta HOMERO en La Odisea, que cuando Ulises regresó el único que lo reconoció fue su perro, y que cayó muerto por la emoción. Por favor no comparemos a estos nobles animalitos con gente despreciable. Los perros merecen respeto". (Juan Carlos Bircann)
Fragmento de La Odisea - Libro XVII
Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Ulises, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión.
Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía
abandonado sobre mucho estiércol de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Ulises lo tomasen para abonar los extensos campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de pulgas.
Al advertir que Ulises se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo. Entonces Ulises, que le vio desde lejos, se enjugó una lágrima sin que se percatara Eumeo y le preguntó: "Eumeo, es extraño que este perro esté tumbado entre el estiércol.
Su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, era rápido en la carrera, o era como esos perros falderos que crían los señores por lujo".
Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo: "Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Ulises lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su rapidez y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo del espeso bosque, porque era sumamente hábil en seguir un rastro.
Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, cuando los amos ya no mandan, no quieren hacer los trabajos que les corresponden, pues Zeus quita a un hombre la mitad de su valía cuando le alcanza el día de la esclavitud."
Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes, pero Argos muere a poco de reconocer a su amo luego de veinte años.
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