Pero todo con medida, acaban de decretar las más altas autoridades militares de República Dominicana, donde el cariño es habitual y el clima, las costumbres y la historia tienden a una expansión antípoda de la flema y la contención, digamos inglesa, y valga el lugar común.
A partir de la semana a punto de comenzar, los alistados militares, al margen de su rango, deberán medir sus muestras de afecto entre sí y, sobre todo, con los superiores a la hora de saludarse, de acuerdo con las provisiones de un nuevo reglamento disciplinario que data del jueves pasado.
Todas las armas están incluidas en la disposición destinada a erradicar lo que en algunos cuarteles se considera una distorsión la cual, a juzgar por la emisión del reglamento, se ha ido extendiendo con velocidad no por alarmante menos explicable.
A creer los comentarios sobre la disposición, el marcial saludo llevándose la mano derecha a la misma o la punta del kepis estaba cayendo en desuso a favor de la fórmula del ósculo, menos rígida, pero más amorosa.
El mismísimo secretario (ministro) de las Fuerzas Armadas, general Ramón Antonio Aquino, puso las cosas en su lugar cuando aclaró que el beso "no es un saludo militar" y, por ello, la Comisión Permanente para la Reforma y Modernización de las Fuerzas Armadas preparó la flamante disposición.
Se ignora el castigo para los alistados que, arrastrados por la fuerza de la costumbre, en vez de llevarse los dedos a la sien, depositen un sonoro beso en la mejilla del (o la) superior con que se tropiecen.
Resulta irrebatible que la disposición es coherente con el uso convencional en todas las fuerzas armadas del mundo conocido aunque, para dominicanos apegados a las costumbres, la otra, la recién proscrita, haría la vida mucho más colorida en trincheras y barracas.